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El infierno de Leningrado

La guerra en el este de Europa

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El infierno de Leningrado

Mensaje por Francis Currey » Dom Dic 04, 2005 3:41 pm

El infierno de Leningrado

-En diciembre de 1940 Hitler firmó la Directiva 21 (Operación Barbarroja), ordenando una invasión relámpago de Rusia, que debía ser aniquilada teóricamente en un mes.

-La ofensiva nazi fue estructurada en tres regiones: Norte (Leningrado), Centro (Moscú) y Sur (Kiev).

-Los nazis sumaron una fuerza de 3.050.000 hombres para la campaña rusa, repartidos en 152 divisiones del Ejército de tierra; la aviación contó con 1.160 bombarderos, 720 cazas y 120 aviones de reconocimiento.

-La División Española de Voluntarios, conocida como División Azul por el color de las camisas de los falangistas, recibió el número 250 entre las divisiones alemanas, y su primer jefe fue el general Agustín Muñoz Grandes.

-Los primeros contingentes partieron de la Estación Norte de Madrid el 13 de julio de 1941.

-Desde Alemania, la División Azul debió recorrer 1.400 kilómetros a pie hasta llegar al frente de Leningrado. Entraron en combate en la zona del lago Ilmen.

-El sitio de Leningrado (antigua y actualmente San Petersburgo) comenzó el 8 de septiembre de 1941 y se extendió, por 900 días, hasta el 27 de enero de 1944.

-Las tropas nazis bloquearon la ciudad por el oeste y por el sur, mientras que las finlandesas (aliadas del III Reich) lo hacían por el norte.

-Leningrado fue sistemáticamente bombardeada por los nazis. Durante todo el sitio, alrededor de 100.000 bombas cayeron sobre la ciudad.

-La defensa rusa se estabilizó poco después del comienzo del bloqueo, pero en noviembre de 1941 el cerco alemán se había completado y los accesos vitales de Leningrado estaban cortados.

-La población de la ciudad fue movilizada para construir una fortificación antitanque sobre el perímetro de la ciudad, que ayudara a reforzar la posición de los 200.000 soldados del Ejército Rojo que defendían Leningrado.

-Las autoridades de la ciudad determinaron un racionamiento de alimentos. Los trabajadores recibían 800 gramos de pan al día y 2,20 kilos de carne al mes sin cereales ni azúcar.

-Más tarde, la ración fue reducida a 600 gramos de pan y luego a 500.

-Durante el invierno de 1941-42 no había comida, agua corriente, electricidad y el transporte público estaba cortado.

-Durante el bloqueo, el único camino que comunicaba a la ciudad con el resto del país era una vía férrea, tendida a través del hielo que cubría el lago Ladoga, adyacente a la ciudad, denominado por los leningradenses "Carretera de la Vida".

-A pesar del peligro de las bombas, por esa vía fueron evacuados 1.376.000 habitantes, en su mayoría niños.

-Entre 800.000 y un millón de civiles se calculan los muertos durante el asedio a la ciudad.

-El día 10 de febrero de 1943 el Ejército Rojo arrasó al enemigo en la batalla de Krasny Bor, en la que murieron, en una única jornada, 2.500 españoles.

-La Cuarta Compañía, republicanos que lucharon junto al Ejército Rojo, tenía 835 soldados, de los cuales 215 cayeron en combate.

-600 españoles prisioneros de guerra quedaron retenidos en la URSS hasta 1955, cuando fueron repatriados.

-El 12 de enero de 1943 el ejército rojo liberó la ciudad de Schlüsselburg (cercana a Leningrado), y un año después las tropas al mando de Góvorog y Meretskov iniciaron la ofensiva en dirección a los países bálticos.

Fuente: Emiliano Albertini

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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 3:30 am

Bueno, creo que ya va siendo hora de rescatar este tema tan interesante tan poco tratado del frente Oriental. Los textos siguientes proceden de la Crónica Militar y Política de la Segunda guerra Mundial, de SARPE, págs 1402-1420. Espero que sirvan para arrojar un poco de luz sobre el tema que nos ocupa. Aportaciones de todo tiempo serán bien recibidas.

Los 900 días de Leningrado

La odisea de la ciudad que logró resistir el más terrible asedio de la Historia. Más de un millón de muertos
.


El 27 de enero de 1944, después de 900 días de asedio (un asedio memorable por su duración, por la importancia de las fuerzas implicadas en la lucha, por la potencia de los medios utilizados y por los inauditos sufrimientos soportados por la población), la ciudad de Leningrado pudo finalmente festejar su liberación. El asedio, que duró casi tres años. provocó más de un millón de muertos. Un millón de personas que, atrapadas en una guerra que no querían, habían preferido morir antes que rendirse.

Todo había empezado el 22 de junio de 1941, a mediodía, cuando los leningradeses se habían agrupado en torno a la radio para escuchar el discurso de Molotov que anunciaba al país la agresión alemana. Los ciudadanos de Leningrado reaccionaron pronto con espíritu patriótico. Desde el primer día millares de hombres corrieron a alistarse. El número de los voluntarios suministrados por Leningrado a las llamadas "brigadas populares" resulta muy superior al de cualquier otra ciudad soviética. Los soldados partieron confiados para enfrentarse a un enemigo que parecía imbatible. Partieron para proteger sus casas y sus familias, pero también para defender Leningrado. Apenas quince días después del inicio de las hostilidades Leningrado estaba ya amenazada de cerca.

El primer gran ataque alemán en dirección de Leningrado fue lanzado en julio de 1941 por Von Leeb. Ocupada Pskov, punto fuerte de la linea Stalin, los soldados de la Wehrmacht se alargaron hasta 150 kilómetros de la espléndida capital de los zares. Después de aquel salto adelante los ejércitos alemanes, comprendidas casi tres divisiones, se dividieron en tres columnas para embestir la ciudad desde tres direcciones distintas y encerrarla en una tenaza. La maniobra tuvo pleno éxito. En agosto la ciudad estaba casi totalmente rodeada. Quedaba sólo un estrecho pasillo al este, cuyo acceso estaba defendido por una antigua fortaleza, la de Schlüsselburg, levantada por los zares a la entrada del río Neva y transformada por los soviéticos en una modernísima plaza fuerte. Los rusos confiaban mucho en su capacidad de resistencia. Gracias a ella contaban con impedir el bloqueo completo de la ciudad. Pero en sólo cinco días la fortaleza cedió al choque de las divisiones alemanas, sostenidas por potentes escuadras aéreas. Leningrado estaba ya privada de cualesquiera comunicaciones terrestres con el resto de Rusia. Sólo por agua podían recibir todavía suministros, es decir, al oeste por la parte del golfo de Finlandia, y al nordeste por la parte del lago Ladoga. Pero los barcos y los aviones alemanes y finlandeses que tenían bajo control a la flota rusa del Báltico, encerrada en la base de Kronstadt, organizaron tal sistema de vigilancia que hasta los suministros por mar fueron imposibles. Para defender la ciudad, más de un millón de personas fue empleado en construir trincheras: viejos, mujeres, muchachos, trabajaron catorce horas al día cavando hoyos y fosas anticarro. El enemigo avanzaba, pero ninguno pensaba en la evacuación. Un malentendido sentido patriótico indujo a algunas autoridades locales a considerar casi como una deserción el abandono de la ciudad también por parte de mujeres y niños. "El pueblo está dispuesto a cavar trincheras, pero nunca dejará Leningrado", afirmaban las consignas propagandísticas del momento. Fue un error, porque la evacuación de la población menos activa habría podido reducir después el número de bocas que alimentar. Pero con el país en pleno caos no era fácil hacer previsiones.

Los alemanes estaban bastante seguros de que la ex capital rusa, encerrada en un cerco de hierro y fuego, continuamente batida por la artillería de tierra y los aviones de bombardeo, privada casi totalmente de suministros alimenticios, no tardaría en rendirse.

Pero ni el mando de la plaza, confiado a Voroshilov, ni la población local tenían ninguna intención de ceder. La resistencia tomó aspectos verdaderamente épicos. Voroshilov había levantado en los campos circundantes numerosas obras de fortificación aprovechando la vasta red de canales que entrecruzan aquella faja de tierra. Muy pronto ésta se llenó de trincheras, minas y marañas de alambre de espino. Al mismo tiempo se empezó febrilmente a fortificar la ciudad misma. Todos los accesos a la ciudad, terrestres o marítimos, fueron transformados en un sistema defensivo dotado de cañones, de nidos de ametralladoras, de reductos antiaéreos. Las mismas casas de los barrios más expuestos, los meridionales, constituyeron una red de pequeñas fortalezas, cuya resistencia estaba reforzada por toneladas de cemento, masas de vigas de acero y empalizadas de gruesos troncos de árbol, cada una de las cuales tenía un espesor de nueve, diez e incluso doce troncos.

También una de las islas escalonadas en la boca del Neva había sido transformada en un potente bastión: la isla Kretovski, sobre la que estaba a punto de ser terminada la construcción de un gigantesco estadio cuando estalló la guerra. Lo deshicieron a medias de modo que de lejos parecía un coliseo desmantelado. Los grandes bloques sirvieron para levantar fortines que fueron consolidados con hormigón y vigas, y dotados de ametralladoras, morteros y cañones anticarro. Así la zona más vulnerable de Leningrado, la expuesta a la invasión por mar, fue colocada en condiciones de oponer una formidable resistencia.

Un trabajo de extraordinaria intensidad fue organizado en las fábricas bélicas y sobre todo en la mayor de ellas, el famoso establecimiento Putilov, que bajo el régimen comunista había sido rebautizado "fábrica Kirov", nombre de un jerarca comunista. Esa fábrica, que existía desde hacia siglo y medio y empleaba en tiempo normal más de 30.000 operarios, continuó sacando en serie continua, a pesar de los incesantes bombardeos, carros de combate cañones, motores y sobre todo municiones. Gracias a ella nunca faltaron proyectiles a los asediados. Además, la fábrica reparaba las armas desgastadas por el excesivo uso, incluidos los cañones. En otros establecimientos se fabricaban armas diferentes de las producidas en la "Kirov"; por ejemplo, bayonetas. Los rusos habían notado que los alemanes tenían horror a los asaltos a la bayoneta y combatían mal cuerpo a cuerpo. Tal comprobación empujó a los defensores de Leningrado a producir una gran cantidad de aquellas armas y a entablar duelos a la bayoneta en cualquier circunstancia propicia.

Continuará...

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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 4:03 am

A mediados de agosto los carros alemanes llegaron a 30 kilómetros de la ciudad, mientras que al norte Finlandia movió también su ejército contra Leningrado. Sabiendo que estaban prácticamente solos (el ataque imprevisto de los alemanes había arrojado al país en tal caos que seria absurdo esperar la llegada de refuerzos), los leningradeses se organizaron lo mejor posible para oponer al enemigo una defensa desesperada. El mando soviético de la ciudad proclamó la movilización de todos los hombres capaces de tomar un fusil. En aquellos días, 300.000 paisanos fueron incorporados a la milicia popular. Los obreros iban a la fábrica armados para estar dispuestos a la primera alarma.

Durante todo el asedio el comportamiento de los obreros fue tan ejemplar que algunas fábricas fueron condecoradas al valor civil. El primado fue conquistado por la "Kirov", que recibió las dos mayores condecoraciones soviéticas: la Orden de la Bandera Roja y la de Lenin. Muchos obreros de esa misma fábrica formaron, además, un cuerpo armado que fue llamado "División Kirov". Llevaban el uniforme del Ejército Rojo, pero formaban parte de una especial unidad militar: la Guardia ciudadana de Leningrado. Su ejemplo fue imitado por obreros de otros establecimientos, que formaron otras divisiones. Con estos miles de hombres se formaron las mejores tropas de asalto de la ciudad asediada. Cada vez que los alemanes lanzaban un ataque, ellos respondían en seguida con el contraataque. Sus pérdidas fueron gravísimas, pero con frecuencia fue precisamente la intervención de estos voluntarios la que detuvo a los alemanes cuando iban a irrumpir en la ciudad. A las unidades obreras de infantería se sumaron poco a poco unidades de artillería, brigadas de carros armados y unidades paracaidistas.

Como en Moscú cuando los alemanes llegaron a las puertas de la ciudad, también en Leningrado las mujeres dieron admirables pruebas de actividad y de resistencia física y moral. Casi un 70 por 100 de los obreros de la "Kirov" dedicados a la elaboración estaba constituido por mujeres, algunas de ellas muy jóvenes. Más de 400.000 mujeres y muchachos salieron de Leningrado y cavaron alrededor zanjas, trincheras y fortificaciones, desafiando a los bombardeos. Cuando los alemanes llegaron a los suburbios de Leningrado seguros ya de poder dar el último salto adelante, chocaron con un laberinto de trincheras y fortificaciones, y una vez más tuvieron que detenerse. También el fundamental problema de la calefacción fue en parte resuelto por las mujeres. Cuando a través de la superficie helada del lago Ladoga fue posible comunicar con el resto del país, unas 10.000 mujeres fueron enviadas al otro lado del lago, donde cortaron en los bosques tal cantidad de leña que protegiera a Leningrado de los rigores invernales.

Para evitar infiltraciones enemigas, actos de sabotaje y acciones de espionaje, la ciudad fue sometida a un riguroso toque de queda que se extendía desde el atardecer al alba. En esta enervante espera, cayó sobre la ciudad la sombra de las sospechas. Por miedo de dar información a los espías, los conductores de tranvías dejaron incluso de anunciar el nombre de las paradas. Entre tanto, los alemanes se preparaban para dar el golpe decisivo, ciertos de que la ciudad caería en sus manos con relativa facilidad. Pero la ciudad resistió desesperadamente y el ataque enemigo fue rechazado tras una furiosa lucha. Vista la imposibilidad del ataque frontal, los alemanes modificaron sus planes y trataron de cercar la ciudad. El 8 de septiembre llegaron a las orillas del lago Ladoga. La ciudad estaba ya completamente cortada del resto de Rusia.

Para Leningrado no parecía haber ninguna vía de escape. Al norte, el ejército finlandés controla las florestas y las extensiones árticas; al oeste, el mar está controlado por los barcos alemanes y los submarinos, mientras que la flota soviética está atrapada en el mar Báltico. Al sur y al este el ejército alemán presiona hacia la ciudad, después de haber aislado ya la línea de tren que une Leningrado con Moscú. Finalmente, al nordeste está el inmenso lago Ladoga, circundado por bosques deshabitados y pantanos.

Leningrado está sola. Tres millones de personas están encerradas en una tenaza de hierro, sin reservas de víveres, municiones o carburante. Las primeras líneas alemanas están muy cerca. Distan 13 kilómetros del centro de la ciudad. El feldmariscal Von Leeb ha anunciado ya que ofrecerá un banquete de gala en el Astoria, el hotel más bello de Leningrado, en seguida de haber conquistado la ciudad. Los leningradeses, por su parte, no se hacen ilusiones, pero están decididos a defenderse hasta el final, a pesar de las deprimentes noticias que llegan de los otros frentes.

Aunque Moscú cayera, Leningrado resistiría. Esa es la consigna. La propaganda no duda ni siquiera frente a la antigua rivalidad entre Moscú y Leningrado. Hitler, entre tanto, ha ordenado a sus generales arrasar totalmente la ciudad. Ha ordenado no hacer prisioneros. La población deberá ser empujada hacia las florestas y los pantanos y abandonada a su suerte. "No pensamos —ha dicho— consumir nuestro trigo para alimentar a tres millones de leningradeses".

A fines de septiembre las incursiones aéreas sobre la ciudad se intensifican. Sólo Londres ha sufrido hasta este momento bombardeos más intensos. Pero Londres no está rodeada de carros de combate ni por el ejército alemán. Los bombardeos a los que es sometida Leningrado tienen, sobre todo, el objetivo de quebrar la resistencia de la población. Pero esto no sucede. Como ha pasado en Londres, las destrucciones realizadas por los bombardeos refuerzan la determinación de los defensores. Durante semanas la batalla ruge sin pausa, pero la situación alimenticia, a pesar del asedio, aún no es grave. Los obreros reciben 600 gramos de pan al día, los empleados 350 gramos y los familiares a su cargo 300 gramos. Pero las reservas están a punto de acabarse. Las fábricas, como el enorme establecimiento Kirov, han tenido que reducir la producción por falta de materia prima y de electricidad. Organizando turnos de trabajo agotadores la industria consigue mantener bastante elevado el flujo de abastecimientos a las tropas que combaten a las puertas de la ciudad.

En octubre cae la primera nieve, pero Leningrado resiste todavía.

Entre tanto los alemanes han cambiado de táctica. Esperando conquistar Moscú, muchas unidades han sido llamadas del frente de Leningrado. Las que quedan reducen la presión contra las líneas adversarias y tienden alambradas. Han decidido tomar a Leningrado por hambre.

Hitler está convencido de que la ciudad, ya completamente aislada del resto del país, no podrá resistir mucho. Por eso ha preferido lanzar el grueso del ejército alemán en dirección a Moscú. "Leningrado caerá por sí sola, como un fruto maduro", ha dicho.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 4:54 am

El invierno de 1941 es el más frió de los últimos cien años. Las raciones alimenticias son reducidas aún más, mientras las últimas reservas de comida y combustible se van agotando. La posibilidad de obtener suministros es muy precaria. Prácticamente, para ayudar a la ciudad asediada existe un solo medio: el avión. Grandes cuatrimotores comienzan a sobrevolar las líneas enemigas con sus preciosos cargamentos, Pero con la Unión Soviética al borde de la derrota es posible reunir sólo sesenta viejos aparatos para organizar un puente aéreo. A pesar de los muchos viajes realizados desafiando la caza enemiga, estos aviones apenas consiguen llevar una media de 45 toneladas de víveres al día, mientras que el mínimo indispensable para sobrevivir supera las 200 toneladas diarias. En noviembre la gente empieza a comerse los perros y los gatos.

Zdanov, que era entonces secretario del partido en Leningrado, fue obligado a buscar una solución. La única vía de suministro era el lago Ladoga helado, pero hacia falta que el hielo tuviese un espesor de al menos dos metros para sostener a las columnas de camiones. La gente rezó para que hiciese más frío.

El 22 de noviembre el termómetro señaló 25° bajo cero, y un voluntario a caballo fue enviado a través del lago para probar la nueva pista, a la que los leningradeses habían dado ya el nombre de "carretera de la vida". El experimento tiene éxito. El lago, cubierto de una capa de hielo de dos metros de espesor, es transitable. Zdanov ordena entonces construir una pista para los camiones a fin de enlazar Leningrado con el sector de ferrocarril hacia Moscú todavía en manos de los soviéticos.

Pocos días después la "carretera de la vida" está en plena actividad. El recorrido es largo y extremadamente difícil. Muchos camiones se hunden en las grietas, y la cantidad de víveres transportados a la ciudad resulta bastante limitada. Pero la gente puede utilizar de nuevo las cartillas de racionamiento para recibir las primeras raciones de pan congelado. Por desgracia estas provisiones son una gota de agua en el desierto. Con la entrada del invierno el hambre aumenta de día en día.

Junto con el hambre, el frío se reveló también como un enemigo más peligroso que los alemanes. Pero también los técnicos lograron hacerle frente. Durante más de medio siglo habían sido descargados en el puerto de Leningrado los barcos carboneros procedentes de una gran cuenca minera inglesa, la de Cardiff. Ya que, durante la descarga del carbón, siempre caía algo al mar, los leningradeses pensaron que en las aguas del puerto debían haberse acumulado, en cincuenta años, notables cantidades. Así que hicieron grandes agujeros en el hielo y bajaron buzos para explorar el fondo. La inspección tuvo el éxito esperado. Los buzos trabajaron sin pausa en el agua helada durante días y días. Finalmente, casi 5.000 toneladas de carbón fueron sacadas a la superficie, y Leningrado pudo calentarse.

Se trató de remediar la deficiencia de alimentos, que en los periodos más negros del asedio amenazó de muerte a centenares de miles de personas menos resistentes que otras, con la creación de huertos y, sobre todo, con campos de coles. En todos los rincones de la ciudad se encontraban coles: en los parques, en los jardines, en las plazas, en los patios.

Mientras esto sucedía, en los laboratorios los científicos estudiaban el medio de sustituir los alimentos. Descubren nuevos derivados, nuevos aditivos, e incluso inventan comida. Ahora, por ejemplo, la harina de trigo rinde mucho más porque el pan resulta comestible, aunque se compone de un 10 por 100 de semillas oleosas, un 10 por 100 de celulosa, un 20 por 100 de bolsas de harina trituradas, un 5 por 100 de masa y del 55 por 100 de trigo y centeno.

Las semillas de soja son utilizadas para hacer un líquido que se parece a la leche. La sopa puede hacerse con tripas de res desecadas, o bien echando simplemente agua caliente sobre agujas de pino. Naturalmente, no es ésta una clase de alimentación suficiente para sobrevivir, y la gente empieza pronto a morirse incluso en la calle. Mueren a cientos, y luego a miles. Según los certificados médicos, la muerte es causada siempre por "distrofia alimenticia", un eufemismo que significa hambre.

En las trincheras, los soldados soviéticos esperan el ataque final. Para la tropa se distribuyen raciones especiales, apenas un poco superiores a la media. Es necesario que al menos los soldados de la primera línea conserven las fuerzas. Pocos kilómetros más allá los soldados alemanes sufren también, y no sólo del frío. Seguros de conquistar Leningrado en otoño no se habían preparado para el invierno. El 26 de noviembre de 1941 los alemanes reanudan las hostilidades, sometiendo la ciudad al cañoneo de los gruesos calibres.

Pero Leningrado resiste a pesar de todas las previsiones.

En las fábricas dañadas el trabajo sigue sin pausa, aunque por la falta de materiales en vez de construir nuevas armas se reparan las viejas. El establecimiento Kirov, aun alcanzado por muchos proyectiles, es el más activo de todos.

Miles de obreros han sido muertos por cascotes en sus puestos de trabajo, pero la producción se ha parado sólo el tiempo de retirar sus cadáveres y esparcir un poco de arena sobre el suelo. Las horas de trabajo han sido reducidas de diez a ocho para preservar las energías de los obreros. Precaución inútil: el intenso frío (que aun en e! interior del establecimiento llega a los 10 grados bajo cero) y la alimentación insuficiente han llevado a los trabajadores al límite de sus fuerzas. Cuentan, por ejemplo, que en los talleres Kirov uno de los capataces había quedado tan débil por el hambre que no podía tenerse en pie. Pero como su control de supervisión de las reparaciones de carros de combate era absolutamente indispensable, se pensó finalmente atarlo a una silla que fue puesta sobre un banco. Desde allí pudo continuar su labor de control hasta que murió.

El hambre era siempre el enemigo principal. Para comer se iba a rebuscar en el armarito de las medicinas: la vieja botella de aceite de ricino, la loción para el pelo, la vaselina. Se hacia incluso menestra con el barniz raspado del papel de pared y de los muebles. Pero por desgracia no todos tenían en casa tales reservas de comida.

A fines de noviembre no hay ya casi raciones que distribuir. El hambre es tan intensa que la gente llega a hervir madera y a mascar el cuero de los zapatos. Los muertos ya no se cuentan. Hay quien esconde el cadáver de un pariente para sacar sus raciones. Otros no dudan, impulsados por la desesperación y el hambre, en cocinar su carne para si y sus hijos.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 5:23 am

Diciembre de 1941: de los otros frentes empiezan a llegar noticias alentadoras. Delante de Moscú los alemanes han sido detenidos. Es la primera victoria soviética. Pero ¿podrá influir todo eso en la suerte de Leningrado? Los defensores de la ciudad deciden hacer también alguna cosa. Mejor morir combatiendo que de hambre. Todas las fuerzas disponibles son lanzadas al ataque intentando romper el cerco. También desde el exterior el Ejército Rojo se mueve a espaldas de las líneas alemanas. La batalla ruge durante días, pero los defensores de la ciudad no logran ningún progreso. Mas desde el exterior el Ejército Rojo consigue rechazar en algunos kilómetros a las fuerzas alemanas. Así, aun no logrando romper el asedio, el modesto avance logrado por los rusos es suficiente para permitir la construcción de un ferrocarril hasta el lago Ladoga. De este modo la longitud de la "carretera de la vida" resulta reducida a la mitad y es más fácil aprovisionar Leningrado. El tráfico de los camiones sobre el Ladoga se reanuda así con intensidad. Los vehículos son utilizados para llevar víveres a la ciudad y, a la vuelta, refugiados hambrientos hacia la retaguardia. Para gente debilitada por las privaciones, viajar al descubierto con una temperatura de 40 grados bajo cero significa con frecuencia la muerte.

Y la muerte llega también del aire, porque los alemanes comienzan a bombardear la extensión helada del lago, provocando grietas que se engullen numerosos carros. Para evitar los aviones, el tráfico se desarrolla de noche, pero la situación no mejora. En estas difíciles condiciones atmosféricas muchos camiones se extravían en las tempestades de nieve y muchos conductores mueren ateridos. Sin embargo, el nivel de las provisiones para los asediados logra aumentar notablemente.

El 25 de diciembre, día de Navidad, las raciones registran una pequeña mejora. No son todavía suficientes para sobrevivir, pero la aumentada cantidad de víveres distribuidos provoca en la población un efecto muy positivo. Entre tanto el frente languidece. Los rusos no están aún en disposición de contraatacar. Los alemanes esperan. Todavía están convencidos de que pueden tomar Leningrado por hambre. Efectivamente, a pesar de la mejora lograda las raciones quedan bajo el nivel mínimo indispensable, y el frío excepcional agrava la situación de los asediados. También el número de muertos aumenta. Un cuerpo desnutrido más allá de ciertos limites no sobrevive, aunque se mejore la alimentación. En noviembre los muertos han sido 11.000; en diciembre, 50.000; en enero, 100.000. Leningrado parece una ciudad muerta. Una de las pocas cosas que todavía funciona es la red de emisoras. Para la gente recluida por el frío en las casas oscuras, la radio representa el único contacto con la vida. Los programas de música, de poesía, de información, resuenan en las calles desiertas, sin interrumpirse nunca.

A final de enero de 1942 nadie cree poder sobrevivir. Los amigos, al despedirse, se saludan como si fuera la última vez. A lo largo de las calles el número de los cadáveres es tal que nadie piensa ya en recogerlos, ya que a causa del intenso frío no hay peligro de epidemia. A pesar de la dramática situación, no se registran en la ciudad casos de saqueo, violencia o demostraciones derrotistas. La gente espera resignada, no se sabe si a la muerte o al fin del asedio. Cuando los locutores de la radio no tienen ya más música que emitir y están demasiado débiles para hablar, los altavoces difunden el tictac del metrónomo. Cualquier cosa antes que el silencio. La falta de sonidos significa la muerte.

Todos los días parecen iguales en la ciudad sitiada. La gente sale de casa por la mañana para ir al trabajo y encuentra nuevos cadáveres en las aceras. Con frecuencia alguien muere a la vista de los transeúntes sin provocar especial emoción. La muerte es ya un espectáculo demasiado corriente. Luego los cadáveres son sepultados en fosas comunes cavadas con explosivos, porque los dedicados a este triste trabajo no tienen fuerza suficiente para hacer agujeros. Todos los días se repiten episodios tremendos que ya no son noticia. Especial emoción suscita aún el caso de una niña encontrada en una casa de la que no se ha visto salir a nadie desde hace días. Se llama Tania Savicheva, y cuando la sacan está tan débil que no será posible salvarla. Junto a ella es encontrado el diario en que Tania ha anotado hora por hora la tragedia que ha aniquilado a su familia: "Jenia murió el 28 de diciembre de 1941 a las 12,30. La abuela el 25 de enero. Tío Lescia el 10 de mayo a las 4 de la tarde. Mi querida mamá se fue el 13 de mayo a las 7,30. Le familia Savich ya no existe. Han muerto todos. Sólo quedo yo".

En febrero de 1942 mueren en Leningrado una media de 10.000 personas al día, pero para los supervivientes la vida continúa.

Los investigadores continúan trabajando en las bibliotecas, los escritores dan conferencias. Tienen tanto frío como para quemar la silla en que se sientan, pero siguen afanándose. Desarrollar una actividad, cualquier actividad, era indispensable para continuar viviendo. Resulta que los que tienen más intereses viven más tiempo que los que prefieren quedarse en cama, calientes, con la ilusión de conservar sus energías. Y hasta es posible recopilar una clasificación de quiénes resisten más a la penuria: generalmente mueren primero los viejos y los niños, luego los hombres y finalmente las mujeres.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 5:25 am

En marzo de 1942 se notan los primeros signos de primavera, pero con el tiempo surge otro peligro. El hielo empieza a derretirse y la "carretera de la vida" en el Ladoga se hace más peligrosa cada día. Los camiones siguen atravesando el lago cada vez más febrilmente, mientras lo permite el espesor del hielo. Llega también el peligro de las epidemias. Los cadáveres abandonados en las calles afloran al empezar el deshielo. Las basuras infectan el aire. Se comienza en seguida una campaña de limpieza para evitar que se desarrollen epidemias, pero es como limpiar el Polo Norte cubierto de basura. En las operaciones participan escuadras de voluntarios compuestas por estudiantes, profesores, mujeres y viejos.

El 15 de abril de 1942 la mortandad ha bajado a una media de 3.000 personas al día. Los camiones ya no atraviesan el lago, pero en cambio se ve un tranvía circular por la ciudad. La gente llora de alegría al verlo. Aquel tranvía es la primera señal de vida en una ciudad que llevaba meses como muerta.

Leningrado parece desperezarse. La temperatura suave y las noticias que llegan de los otros frentes despiertan las esperanzas y las energías. Se empieza a reparar las casas mientras muchas calles son reabiertas al tráfico Pero, sobre todo, se construyen nuevas embarcaciones para sustituir a los camiones que ya no pueden atravesar el lago, de modo que la "carretera de la vida" no será interrumpida. En mayo de 1942, aunque la gente sigue muriendo por los sufrimientos padecidos durante el invierno, la situación alimenticia registra una notable mejora. Las embarcaciones llevan de un lado a otro del lago provisiones y tropas de refresco. Se permite también la evacuación de la ciudad. Las personas no aptas para el trabajo son evacuadas en masa hacia las regiones más seguras del este del país. En el frente, entre tanto, la situación permanece estacionaria; a pesar de los refuerzos, las tropas soviéticas no están en disposición de atacar. Y está claro que el asedio será todavía largo.

Hay que preguntarse por qué tantos sufrimientos no llevaron a la población a rendirse. La respuesta es simple: la resistencia a ultranza fue debida, además de al profundo amor a la patria y a un odio feroz al invasor, a la estupidez de los mismos alemanes, que amenazaron a los leningradeses con el exterminio. Estos, entre otras cosas, se enteraron de que el general de las SS Malwerstedt había claramente manifestado la intención de someter la ciudad a una gigantesca "cura higiénica", consistente en castigar con torturas al menos a 400.000 de sus habitantes; perspectiva esta que tuvo el natural efecto de electrizar el espíritu combativo de los asediados.

Entre tanto, para estimular a los leningradeses, fueron organizadas manifestaciones deportivas a las que toda la población activa era invitada. Los partidos de fútbol eran incluso transmitidos por radio para que pudieran ser escuchados también en las líneas alemanas, con el fin de demostrar que la ciudad no pensaba en rendirse. Pero con frecuencia los gruesos calibres enemigos interrumpían las competiciones. Seguros de que el asedio continuaría el invierno siguiente, los leningradeses se dedicaron con tiempo a proveerse de leña. Todas las casas de madera en la periferia de Leningrado fueron derriba- das. No se tocaron los árboles de los parques, pero se procuró recoger leña también en los bosques vecinos. Más de 3.000 mujeres fueron utilizadas en estos trabajos. Otros miles de mujeres fueron enviadas a cavar turba en los pantanos cercanos. La leña y el combustible recogidos garantizaron un invierno seguramente más cálido que el anterior. Especial impulso fue dado también a la agricultura. Cada familia recibió un manual para la "jardinería de asedio" con las instrucciones necesarias.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 5:26 am

En otoño de 1942 la cosecha resultó bastante buena, aunque las coles tuvieron que ser limpiadas de cascotes y proyectiles ocultos entre sus hojas. La ciudad parecía robustecida, la moral estaba alta y el millón de leningradeses que no habían abandonado sus casas estaban dispuestos a tomar parte activa en la defensa de la ciudad.

En enero de 1943, después de dieciséis largos meses de asedio, las tropas de Leningrado están finalmente listas para enfrentarse al enemigo. Mientras se espera la orden del ataque decisivo, llega el anuncio de la gran victoria soviética de Stalingrado. A falta de periódicos, la noticia es comunicada a las tropas mediante folletos a ciclostil.

El éxito de Stalingrado refuerza la determinación de los defensores de la ciudad. La batalla comienza el 13 de enero. El plan soviético prevé un ataque simultáneo desde el interior y el exterior de la línea de asedio. Después de seis días la operación registra el primer éxito. Cogidos entre dos fuegos, los alemanes son obligados a retirarse y las tropas de Leningrado pueden abrazar a sus salvadores. Parece que el asedio vaya a romperse. En el pasillo conquistado se monta en seguida una línea ferroviaria que une directamente Leningrado a Moscú. El plan soviético prevé también forzar al enemigo hacia el sur, a fin de alejarlo de la ciudad. Pero los alemanes no ceden y logran mantenerse firmes en sus posiciones. Mas el primer tren procedente de Moscú pasa por el corredor mientras la batalla ruge no muy lejos. Muchedumbres vitoreantes acogen al convoy. Todos están seguros de que a larga lucha ha terminado. Pero no es así.

En la primavera de 1943 los cañones enemigos siguen todavía apuntados contra la ciudad. En vista del inútil intento de tomar Leningrado por hambre, los alemanes han decidido doblegarla por el fuego. Desde el comienzo de la guerra ninguna ciudad ha sufrido un martilleo de artillería tan intenso.

Durante meses una avalancha de fuego se vuelca sobre la ciudad sin mostrar interrupción. Son especialmente tomados como blanco los barrios de viviendas, para aumentar el pánico entre la población civil. El cañoneo se hace más intenso en las horas punta, cuando la gente es más numerosa por las calles. La situación vuelve a ser dramática. Después de haber saboreado la alegría de la liberación, la desilusión de los leningradeses es aún más amarga. Esta guerra parece no tener fin. Durante todo el verano, mientras los cañones alemanes continúan hostigando la ciudad, los altavoces retransmiten ininterrumpidamente himnos patrióticos. Pero esto no basta para levantar la moral de la población. Sin embargo, bajo el bombardeo la vida continúa. "Este lado de la calle es menos peligroso", dicen los letreros que van apareciendo por toda la ciudad. Es una estratagema desesperada para facilitar el tráfico incluso durante el cañoneo, pues si no la ciudad quedaría paralizada. Los alemanes disparan desde el sur, y por consiguiente el lado meridional de las calles resulta menos expuesto al fuego. Los leningradeses se habitúan así a caminar bajo el tiro de la artillería.

Han conseguido notar también por el silbido del proyectil si pueden seguir andando o hay que echarse a tierra. Pero las victimas aumentan. A fines de 1943 los muertos por cascotes de granada suben a 16.000. Y Leningrado, después de dos años y medio de guerra, espera todavía el fin de la batalla.

Mas la larga espera y los indescriptibles sufrimientos no han doblegado el espíritu de resistencia de la población. Aunque sólo un tercio de las fábricas sigue funcionando, la producción continúa. Los trabajadores son estimulados por grandes manifestaciones propagadisticas.

Finalmente, el 14 de enero de 1944 comienza la gran batalla por la liberación de Leningrado. El objetivo es rechazar a los alemanes en toda la línea del frente. Y hasta los barcos soviéticos, encerrados en el puerto, toman parte.

Dos semanas después la batalla se ha ganado. El enemigo ha sido rechazado en toda la línea y Leningrado está liberada finalmente del asedio y de bombardeo.

La retirada alemana, iniciada delante de Leningrado, se detendrá sólo en Berlín. Los prisioneros afluyen a la ciudad para ser conducidos hacia los campos de concentración. Y estos prisioneros son los únicos alemanes que pueden pisar el suelo de Leningrado. Finalmente, el 27 de enero de 1944 la ciudad festeja su liberación. El asedio ha durado 900 días. La cifra oficial de los muertos en el asedio es de 632.000 personas, pero estadísticas sucesivas revelarán que se ha superado el millón.


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 8:07 pm

No nacen más niños

Del diario de la poetisa soviética Vera Inber, que vivía en Leningrado durante el asedio:

"El terreno de nuestro hospital ha sido limpiado de los escombros y ha quedado casi irreconocible. En vez de montones de ruinas hay ahora huertecillos. En la Casa del Estudiante han abierto una sala de comidas de "alimentación reforzada". Hay muchas en cada distrito. Gente débil, pálida, exhausta (distrofia de segundo grado) callejea despacio, como asombrada de estar todavía viva... Muchas veces se sientan a descansar y presentan las piernas a los rayos del sol, para curar las úlceras causadas por la falta de vitaminas... Pero entre los leningradeses hay también quienes no pueden moverse ni caminar (distrofia de tercer grado). Yacen en silencio en sus gélidas casas invernales, donde ni la primavera logra penetrar. Estas casas son visitadas por jóvenes médicos, estudiantes de medicina y enfermeras. Los casos más graves son transportados al hospital. Hemos colocado dos mil camas más en nuestro hospital, comprendida la maternidad. En estos tiempos son poquísimos los niños que nacen. ¡Se podría decir que ya ninguno viene al mundo!".


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Mensaje por Erich Hartmann » Dom Jun 25, 2006 8:17 pm

La parte de los finlandeses

Como cuenta Alexander Werth, autor de "Rusia en guerra", lo que hacía cierta impresión en Leningrado durante el asedio es que para todos el enemigo era sólo Alemania y nadie mencionaba a Finlandia. Pero los finlandeses estaban también en guerra con la Unión Soviética, participaban en el asedio de Leningrado, y sus soldados se encontraban a 30 kilómetros a! norte y al noroeste de la ciudad. Más al este habían penetrado profundamente en territorio soviético, manteniendo una línea a lo largo del río Svir, entre los lagos Ladoga y Onega. La gran ciudad soviética de Petrosavodsk estaba ocupada por los finlandeses, y era la capital de la república carelo-finesa. Pero la posición de los finlandeses en su guerra contra la Unión Soviética entre 1941 y 1944 era bastante especial. Tenían numerosos lazos con los alemanes, pero su guerra contra Rusia seguía siendo una guerra "separada" y, ciertamente, eran menos obsequiosos con los alemanes de lo que fueron, por ejemplo, húngaros y rumanos. Según algunos testimonios citados en procesos después de la guerra, los finlandeses sostuvieron que no habían dejado a las tropa alemanas actuar contra Leningrado a partir de territorio finlandés, y que no habían tomado parte en el bombardeo de Leningrado con aviones y artillería. Naturalmente, había habido conversaciones entre Alemania y Finlandia mucho antes del 22 de junio de 1941 sobre las operaciones comunes contra Rusia. Tampoco hay duda de que, en cierto momento, los finlandeses pasaron las antiguas fronteras, ya que conquistaron la ciudad fronteriza rusa de Beloostrov, apenas a treinta kilómetros al noroeste de Leningrado, pero allí los rusos contraatacaron, y al día siguiente ya estaban rechazados los finlandeses, después de lo cual el sector del frente se estabilizó. Los alemanes no estaban contentos, y el 4 de septiembre, Jodl fue expresamente a ver a Mannerheim, solicitándole que continuara la ofensiva más allá de la antigua frontera, es decir, contra Leningrado. Al parecer, Mannerheim se negó. En el proceso de posguerra del germanóflio Ryti, el ex jefe del gobierno finlandés sostuvo que efectivamente los finlandeses "salvaron" a Leningrado: "El 24 de agosto de 1941 fui a visitar el cuartel general del mariscal Mannerheim. Los alemanes nos presionaban para que avanzásemos sobre Leningrado después de haber cruzado la antigua frontera. Yo dije que la conquista de Leningrado no era nuestro objetivo, y que no participaríamos. Mannerheim y el ministro de la Guerra, Walden, estuvieron de acuerdo conmigo, y rechazaron las propuestas alemanas. Resultó así la situación paradójica de que los alemanes no pudieron avanzar desde el norte sobre Leningrado. De este modo los finlandeses defendieron Leningrado desde el norte".

Sin embargo, los finlandeses participaron en el cerco de Leningrado. Y según el historiador alemán Walter Goerlitz, los finlandeses habrían atacado Leningrado si hubiese habido un asalto alemán desde el sur, que nunca tuvo lugar. No se puede negar que los finlandeses ocuparon notables franjas de territorio soviético que nunca les había pertenecido, sobre todo en el este. Sin embargo, aunque aparezca evidente por las condiciones del armisticio de 1944 que había tropas alemanas destacadas en Finlandia, no había pruebas de que nunca hubieran sido utilizadas desde territorio finlandés contra Leningrado. Quizá es más dudoso que Leningrado fuera bombardeada por aire o por tierra partiendo del territorio finlandés. Por los avisos puestos en las calles de Leningrado para señalar que el lado meridional "protegido" de las avenidas era mucho más seguro que el septentrional, se implicaba claramente que se suponían que el cañoneo venía siempre del sur, es decir, de los alemanes. Es cierto que alguna ofensiva importante del lado finlandés, en los meses más críticos del bloqueo de Leningrado, y un intenso cañoneo desde el norte, habrían aumentado las dificultades de Leningrado. Hay que señalar que el frustrado ataque finlandés en aquel período crítico fue debido también a un cierto disgusto de muchos para la alianza con Hitler. Esto no significa que la burguesía finlandesa no fuese violentamente antirrusa, como había sido al final de 1918 y mucho más después de la guerra invernal de 1939-1940. Pero las concepciones grandiosas de una "Gran Finlandia" que, según algunos de los más absurdos planes, se extendería hasta Moscú ("una antigua ciudad finlandesa, como indica su mismo nombre") aparecen limitadas a ciertos locos visionarios. Sin embargo, hubo al menos un pequeño grupo de tropas selectas finlandesas que participaron en las operaciones alemanas contra la Rusia propiamente dicha, y, según numerosos testimonios, especialmente en los sectores de Esmolensko y Tula, donde los soldados se portaron de modo especialmente brutal con la población civil —en particular con las muchachas y las mujeres—, "peor aún que los alemanes".


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Mensaje por Erich Hartmann » Lun Jun 26, 2006 10:56 pm

El álbum del hambre

Durante el asedio de Leningrado los niños continuaban yendo a la escuela. Algunos institutos conservaron en los llamados "álbumes del hambre" las composiciones de los alumnos. He aquí, por ejemplo, el tema de una muchacha de trece años:

"Hasta el 22 de junio todos tenían la seguridad de trabajar y de vivir bien. Aquel día fuimos de excursión a la isla Kirov. Un viento fresco soplaba del golfo y llevaba consigo fragmentos de la canción que unos niños estaban cantando no lejos de allí: 'Grande y gloriosa es mi patria'. Y después el enemigo empezó a acercarse cada vez más a nuestra ciudad. Fuimos a cavar grandes trincheras. Era difícil, porque muchos niños no estaban acostumbrados a una fatiga física tan dura. El general alemán Von Leeb se relamía ya los labios al pensar en el banquete que iba a comerse en el Astoria. Estábamos sentados en el refugio en torno a la estufa improvisada, llevando puestos los abrigos, tas gorras de piel y los guantes. Habíamos hecho prendas de punto para nuestros soldados, y entregado sus cartas a amigos y parientes. También habíamos recogido restos de metales no ferrosos...".

Una chica mayor, Valentina Soloveva, de dieciséis años, escribía:

"¡22 de Junio! Qué grande es hoy para nosotros el significado de esa fecha, Pero entonces parecía un día cualquiera de verano... De allí a poco el comité de fábrica estaba lleno de mujeres, muchachas y niñas venidas a inscribirse en los grupos de defensa civil, las escuadras antiincendio y antigás... En septiembre la ciudad estaba cercada. Los suministros de víveres de fuera habían cesado. El último tren de refugiados había partido. La población de Leningrado se apretaba el cinturón. La ciudad empezó a estar llena de barreras y obstáculos anticarro. Fortines y posiciones —toda una red— surgían en torno a la ciudad. Como en 1919, también ahora la gran interrogación era: '¿Seguirá siendo Leningrado una ciudad soviética?'. Leningrado estaba en peligro. Pero sus obreros se levantaron como un solo hombre en su defensa. Los carros de combate chirriaban por las calles. Por todas partes se presentaban los hombres de la defensa civil... Se acercaba un invierno frío y terrible. Junto con las bombas, los aviones enemigos arrojaban octavillas. Decían que arrasarían Leningrado. Creían darnos miedo, pero nos llenaron de renovado vigor... ¡Leningrado no dejaría que el enemigo pasase sus puerta!. LA Ciudad sufría hambre, pero estaba viva y trabajaba y continuaba mandando al frente un número cada ve: mayor de sus hijos y de sus hijas. Aunque agobiados por el hambre, nuestros obreros continuaron trabajando en las fábricas...".

Liuba Tereschenkova, también de dieciséis años, describía cómo seguían trabajando en la escuela en el peor periodo del bloqueo:

"En enero y febrero una helada tremenda se unió al bloqueo y echó una mano a Hitler. ¡Nada menos que 30a bajo cero! Nuestras lecciones continuaron con el sistema de “en torno a la estufa”, pero no había sitios reservados y si querías sentarte cerca de la estufa, bajo el tubo, tenías que llegar pronto. El sitio delante de la puertecilla estaba reservado a la maestra. Te sentabas y de golpe te invadía una estupenda sensación de bienestar. El calor le penetraba en la piel, hasta los huesos, te ponía totalmente débil y lánguida, no querías pensar en nada más que soñar y embriagarte de calor. Era un tormento levantarse para ir a la pizarra... En la pizarra estaba frío y oscuro, y la mano, aprisionada en el pesado guante, se ponía torpe y dura y rehusaba obedecer. La tiza empezaba a caérsete de la mano y las líneas quedaban todas torcidas... Pero cuando llegábamos a la tercera lección, ya no había combustible. La estufa se enfriaba y una horrible corriente gélida empezó a soplar por el tubo. Se hizo un frío tremendo. Entonces vimos a Vasia Pugin, con aire de diablillo en la cara, escurrirse fuera y volver con algunos trozos de madera de la reserva extraordinaria de Ana Ivanovna, y pocos minutos después podíamos sentir de nuevo el mágico crepitar de la leña en la estufa..."

De otra composición:

"Llegó el invierno, duro y despiadado. Las tuberías del agua se helaron, y no había luz eléctrica, y los tranvías dejaron de andar. Para llegar a tiempo a la escuela tengo que levantarme prontísimo por la mañana, porque vivo fuera, en los suburbios. Era especialmente difícil llegar a la escuela después de una tempestad de nieve, cuando todas las calles y los senderos estaban cubiertos de montones de nieve. Pero decidí firmemente completar el año académico... Un día, después de haberme quedado seis horas en la cola del pan (aquel día tuve que renunciar a la escuela porque llevaba ya dos días sin haber tenido pan), cogí frió y enfermé. Nunca me he sentido tan mal como en aquellos días. No por motivos físicos, sino porque me faltaba el apoyo moral de mis compañeros de escuela y sus bromas alentadoras...".


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Mensaje por fangio » Mar Jul 04, 2006 4:38 am

Algunas imágenes relacionadas con Leningrado, algunas incluyen a la División Azul, todas tomadas de www.ullsteinbild.de :

El Coronel-General Georg von Küchler con ingenieros cerca de Leningrado 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 659852.jpg

Artillería Anti-Aérea rusa para la defensa de Leningrado - 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 660051.jpg

Soldados de las Waffen-SS ante un ataque aéreo en el frente de Leningrado - 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 659748.jpg

Soldados noruegos de las Waffen-SS en un bunker en el frente de Leningrado - 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 659741.jpg

Soldado noruego de las Waffen-SS con su MG-34 - 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 659740.jpg

El Comandante de la División Azul, Grl. Esteban-Infantes, se dirige a la tropa - Invierno 42-43
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 266872.jpg

Soldados rusos ayudan a rescatar víctimas civiles ante un ataque aéreo - 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 265654.jpg

Soldados alemanes en la zona de Wolchow - 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 143627.jpg

Soldados alemanes atrincherados, frente de Leningrado - junio de 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 068788.jpg

Soldados alemanes atrincherados durante el invierno de 1942
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 049096.jpg

Soldados de la División Azul limpiando su ametralladora, verano 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 795208.jpg

División Azul en junio de 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 795203.jpg

Cementerio alemán cerca de Leningrado - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 749643.jpg

Ataque soviético cerca del Lago Ladoga - enero de 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 678470.jpg

Soldados letones y daneses de las Waffen-SS en el frente de Leningrado - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 661896.jpg

Soldado de la División Azul con su MG-34 - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 661650.jpg

Tripulación de la Kriegsmarine lanzan minas en la zona del Golfo de Finlandia - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 661432.jpg

Posición de artillería alemana - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 473711.jpg

Soldados de la División Azul - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 266858.jpg

Ametrallador de la División Azul - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 266847.jpg

Granadero de la División Azul - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 266845.jpg

Ataque alemán al sur del Lago Ladoga - 29 de enero de 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 173138.jpg

Ofensiva alemana al sur de Lago Ladoga - 9 de febrero de 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 173136.jpg

Tanque soviético fuera de combate - agosto de 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 154843.jpg

Alemanes en el área de Wolchow - 12 de junio de 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 154838.jpg

Tanque Tiger al lado de un tangue soviético fuera de combate - ALGUIEN PODRÍA INDICAR A QUÉ UNIDAD PERTENECE?
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 154836.jpg

Trinchera alemana - 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 049097.jpg

Soldados alemanes atrincherados durante una tormenta de invierno - diciembre 1943
http://www.ullsteinbild.de/photodatenba ... 020569.jpg

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El infierno de Leningrado

Mensaje por Francis Currey » Jue Ago 20, 2009 2:23 pm

La historia del jovén Vladimir Shumkov narrada por su nieto sobre el sitio de Leningrado

Mi abuelo sobrevivió al cerco de Leningrado (actualmente San Petersburgo). Había nacido en Leningrado y cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, tenía sólo 9 años Vivía solo con su madre. Su padre murió en la guerra soviético-finlandesa en 1939.
Leningrado, fue cercada por el ejército alemán, se repartieron tarjetas de racionamiento de alimentos. Las tropas alemanes Comenzaron a bombardear la ciudad, y toda la gente tuvo que participar en la defensa: los adultos se afanaron en cavar zanjas defensivas contra los tanques y los niños se dedicaron a, vigilar desde los tejados de las casas la aproximación de la Luftwaffe.
Muy pronto, todos los almacenes, donde se almacenaban los suministros para toda la ciudad durante un par de años fueron devastadas, por la aviación alemana. Tras esto se extendió el hambre Cada persona recibió sólo 125g. de pan al día, compuesto en un 50% de papel. El invierno 1942-1943 destacó por ser especialmente frío. La temperatura descendió a -40 C. sin calefacción al congelarse las cañerías. La gente iba al río para tomar agua de los agujeros producidos en el hielo. Las estufas de metal, calentadas por combustión eran la única alternativa para mantener la vivienda. Todas las ventanas estaban rotas. En lugar de vidrio se utilizaba como ventana madera contrachapada. Los muebles y los libros se emplearon para mantener las estufas, cuándo ya no había más madera (Al final de la guerra no había árbol o edificio de madera que en la ciudad) el frío en las casas era tal que todo el mundo dormía en una cama, con toda la ropa.
Muy pronto la madre de mi abuelo cayó enferma porque le daba la mitad de su pan a su hijo (mi abuelo). Ella un día no pudo levantarse por lo que mi abuelo tuvo que conseguir el pan por sí mismo. Cuando fue a recibir su pan, vio un montón de cadáveres sobre el terreno, nadie se había preocupado por enterrarlos porque todos estaban demasiado débiles para moverse. Si alguien moría dentro de la casa se envolvía en una manta y simplemente se tiraba fuera. A veces la gente moría de debilidad en espera de su pan o el agua.

Llego un día en que mi abuelo ya no podía caminar bien y él y su madre permanecieron en cama durante unos días sin moverse Grupos especiales de personas fueron casa por casa para comprobar el estado de salud de su habitantes. Encontraron a mi abuelo y a su madre que fueron llevados al hospital. Su madre murió pocos días después, y mi abuelo fue enviado a un orfanato.

El sitio de Leningrado "duró 900 días. De los 18 familiares de mi abuelo sólo 3 sobrevivieron a la guerra.

http://www.bbc.co.uk/ww2peopleswar/stor ... 2464.shtml

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Stalin y la traición de Leningrado

Mensaje por pastelsjl » Mar Feb 11, 2014 2:35 am

He puesto aqui este documental en ingles porque en sí es un tema interesante. Lo tengo en catalán y se me lleno de moho y no puedo traducir. Con tiempo buscaré la sinopsis que hace tiempo la vi por la red

Stalin and The Betrayal of Leningrad
http://www.youtube.com/watch?v=hz-eBKbE ... B069B44AB4

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Juan M. Parada C.
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Re: El infierno de Leningrado

Mensaje por Juan M. Parada C. » Vie Feb 14, 2014 12:58 am

La principal arma que desplegaron los alemanes en contra de los pobladores de la entonces Leningrado fue el cruel espectro del hambre.Durante el cerco en que estuvo sometida esta ciudad se hizo patente tamaño flagelo por la falta constante de alimentos que escaseaban dentro de la ciudad sitiada y son varios así los testimonios sobre esta clase de atrocidad que consumía lentamente a estos infelices sitiados que los obligan a cometer toda clase de tamaños actos antinaturales.Tales como el observado por la colegiala de doce años Valentina Rothmann al descubrir,por casualidad, el corte de las nalgas de los cadáveres que ayudaba acarrear a las fosas comunes.Pero aún más aterrador fue la experiencia de Vera Rogova que fue perseguida por un canibal con un hacha en la mano por espacio de una hora de feroz persecución y de Maria Ivanovna al descubrir en un estofado de unos vecinos,que la "invitan" a comer, de restos de manos humanas.Son apenas unos simples ejemplos de esta mortal vorágine, como fue la práctica del canibalismo.
Tales hechos estuvieron ocultos a la opinión pública por espacio de varios años, que es ahora que se están haciendo conocidos tales barbaridades.Siendo así esta la faceta más ignominiosa del cerco de Leningrado que debería ser más estudiada sus secuelas.Según los datos de la policia secreta (NKVD),para ilustrar un poco más esta oscura historia, fueron arrestados más de 1400 personas que practicaron tan atroz acto de canibalismo de las cuales fueron ejecutadas unas 300.El año de 1942,según el historiador inglés Michael Jones,fue muy activo por estos canibales que atacaron barrios enteros y uno de los "modus operandi" favoritos de estos seres depravados por el hambre,que ya formaban bandas organizadas de más de viente miembros,era atrapar a los correos militares para comérselos.
A diferencia de la batalla de Stalingrado,que fueron combates continuos en su máxima expresión,Leningrado fue un asedio estático en que sus pobladores tuvieron que saber librar con gran valor y resistencia .A pesar de tan horrorosos hechos,que fueron producto de este cerco sadista de las fuerzas de Hitler que querían marcar un ejemplo para el resto de Rusia,salieron también lo mejor de la condición humana que lograría imponerse después al librarse de sus enemigos y reconstruir esta ciudad tan martirizada.Gracias por la atención.
"¡Ay,señor! Tú sabes lo ocupado que tendré que estar hoy.Si acaso te olvido por un instante,tu no te olvides de mi". Sir Jacob Astley antes de la batalla de Edge Hill el 23 de octubre del año de nuestro señor de 1642

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Re: El infierno de Leningrado

Mensaje por Palominocod » Sab Feb 15, 2014 3:53 am

La verdad es que tuvo que ser horrible tener que vivir durante el Sitio de Leningrado, tener que aguantar -40º, el hambre, los bombardeos, caminar por las calles observando cadáveres o peor, viendo como se los llevan para alimentarse de el o temer entrar en un callejón sabiendo que podría haber cualquier desesperado con un cuchillo para matarte y comerte.

El método de sitiar una ciudad siempre ha sido habitual en las guerras desde el nacimiento de las grandes ciudades, pero esa forma de sitiar se ha sido perfeccionando para que no haga ni falta gastarse balas, solo con encerrar una ciudad entera con sus habitantes y el hambre y el frió harán el resto.

Me conmovió la historia que leí de el diario de Tatiana Sávicheva, una niña de 11 años que murió tras el final del asedio. Su diario fue empleado como prueba durante los Juicios de Núremberg. Parece ser que todos sus familiares y conocidos fueron muriendo hasta que solo quedo ella, y también acabo muriendo por desgracia.
Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Tatiana_S%C3%A1vicheva

Pero como bien dicen los supervivientes de esta terrorífica "batalla" de la 2 GM: "Troya cayó, Roma cayó, Leningrado no cayó."
"Mi padre me dijo una vez. Un hombre tiene dos familias. Una con la que nace, y otra con la muere. Estos 13 hombres, son mi familia."
Sgt: John Baker. Paracaidista de la 101 aerotransportada. Jefe del segundo pelotón, compañía baker

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