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Los Historiadores y la Francia Ocupada

Colaboracionismo, resistencia, vida cotidiana

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Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 6:48 am

¡Hola a todos!

Julian Jackson es un historiador especializado en la historia de la Francia de la década de 1930 en adelante. Ha escrito varias obras sobre las políticas de la depresión en Francia, sobre la caída de Francia, De Gaulle, etc. Véase http://www.history.qmul.ac.uk/staff/pro ... an-jackson

Leyendo su monumental libro, France. The Dark Years 1940-1944 (Oxford University Press, 2001), he creído oportuno traducir su primera introducción ("Introduction: Historians and the Occupation", pp. 23-45), que es una breve exposición sobre la historiografía de los principales temas de la Francia ocupada desde el final de la guerra hasta la década de 1990, y que puede servir de introducción para un posible desarrollo historiográfico posterior.

Introducción: Los Historiadores y la Ocupación

En Francia, el periodo entre 1940 y 1944 se conoce como los “Años Oscuros”. André Mornet, el fiscal en el juicio de posguerra del mariscal Pétain, tituló sus memorias: “Cuatro Años para Borrar de nuestra Historia” (1). Había mucho que borrar. En 1940, tras una batalla que duró sólo seis semanas, Francia sufrió una derrota militar catastrófica. Se firmó un armisticio con Alemania, y la mitad de Francia, incluyendo París, fue ocupada por tropas alemanas. En la otra mitad, un gobierno francés supuestamente independiente, presidido por el mariscal Pétain, se instaló en la ciudad balneario de Vichy. El gobierno de Vichy liquidó las instituciones democráticas de Francia, persiguió a los francmasones, judíos, comunistas, y se embarcó en una política de colaboración con Alemania. Finalmente, 650.000 trabajadores civiles franceses fueron obligados a trabajar en fábricas alemanas; 75.000 judíos de Francia perecieron en Auschwitz; 30.000 civiles franceses fueron fusilados como rehenes o miembros de la Resistencia; otros 60.000 fueron deportados a campos de concentración alemanes.

El deseo de André Mornet de borrar esos años de la historia fue ampliamente compartido. De Gaulle intentó hacer lo mismo. En agosto de 1944, su gobierno provisional emitió una ordenanza declarando que toda la legislación de Vichy era nula e inválida: la historia se reanudaría donde se había detenido en 1940. Cuando en el París liberado se le pidió a De Gaulle que anunciara la restauración de la República Francesa, se negó, en base a que nunca había dejado de existir. Esta ficción legal se convirtió en la base de la fundación de una reinterpretación heroica de los Años Oscuros. Según esta reinterpretación, la mayoría de los horrores infligidos en Francia había sido obra exclusiva de los alemanes; De Gaulle y la Resistencia habían encarnado la auténtica Francia; y la masa del pueblo francés, al margen de un puñado de traidores, había estado tras ellos con solidez, ya en pensamiento o en hechos. Incluso Mornet contradecía su título al declarar en el epígrafe que la Resistencia había hecho del periodo entre 1940 y 1944 “años para inscribir en nuestra historia”. Este mito de la Resistencia alcanzó su apogeo en la década de 1960, cuando De Gaulle fue presidente de la Quinta República. En 1964, los restos de Jean Moulin, que había sido el enviado de De Gaulle para la Resistencia, fueron transferidos al Panthéon donde están enterrados los héroes nacionales de Francia.

El heroico mito ignoraba demasiadas realidades inconvenientes como para sobrevivir siempre -durante la Ocupación, el propio Mornet ofreció sus servicios legales a la acusación en el juicio de Riom, donde Vichy había puesto a sus enemigos políticos en el banquillo de los acusados- y comenzó a desmoronarse en la década de 1970. Un catalizador en este proceso fue el documental de Marcel Ophul, Le Chagrin et la Pitié. Posiblemente uno de los documentos históricos más importantes que se han hecho, el documental de tres horas de Ophul, estrenado en 1971, fue un trabajo astutamente construido que presentaba a la población francesa durante la Ocupación bajo una luz desfavorable sin precedentes, describiéndola como predominantemente egoísta y attentiste [expectante, a verlas venir]. Ophul se deleitó capturando en la pantalla los intentos de la gente de reescribir su pasado. El filme había sido hecho para la televisión, pero era tan iconoclasta que las autoridades se negaron a emitirlo, y no fue televisado en Francia hasta 1981. Le Chagrin et la Pitié fue parte del ambiente de rebelión de la juventud de 1968: De Gaulle era presidente, y era su versión del pasado la que estaba siendo desafiada. Un segundo filme con gran impacto fue Lacombe Lucien (1974) de Louis Malle, la historia de un joven campesino que se convierte en colaborador por azar, no por convicción. Regresando en bicicleta de un intento de unirse a la Resistencia, tiene un pinchazo, tropieza con unos alemanes y acaba trabajando para ellos. La película describe un mundo amoral sin héroes donde el destino es arbitrario (2).

Desde la década de 1970, cada vez más se recordó a los franceses en películas, libros y periódicos que millones de personas habían venerado al mariscal Pétain; que las leyes de Vichy, no las alemanas, habían representado a la “auténtica” Francia y discriminado a los judíos y francmasones franceses; que los policías franceses, no los alemanes, habían arrestado a judíos y comunistas; que los resistentes habían sido una pequeña minoría; y que la mayoría de la gente había sido attentistes, no héroes. El mito cambió de rumbo. Las películas trataban ahora a la Resistencia de un modo demoledor: Vichy, no De Gaulle o la Resistencia, parecía representar ahora a la “auténtica” Francia.

Esta visión de la Ocupación no es más satisfactoria que la visión de De Gaulle. Pétain fue ciertamente popular, pero su régimen menos. Los judíos fueron perseguidos por el gobierno francés, pero una mayor parte de judíos sobrevivió al Holocausto en Francia que en la mayoría de los otros países ocupados. La opinión era attentistes, pero el attentisme cubría una multitud de posiciones. Había un mito de la Resistencia que necesitaba ser pinchado, pero eso no significa que la Resistencia fuese un mito.

Sin embargo, reparar el equilibrio no supone regresar a la vieja mitología. La historia de la Ocupación debería ser escrita no en blanco y negro, sino en tonos de gris. Vichy pudo haber sido un régimen reaccionario y autoritario, pero disfrutó de un apoyo heterogéneo, incluso de gente que había apoyado el izquierdista Frente Popular en la década de 1930. En diferentes momentos y en diversos grados, Vichy atrajo gente tan variada como el arquitecto Le Corbusier, el periodista Hubert Beuve-Méry, el futuro presidente Francois Miterrand, el economista Francois Perroux y el director de teatro Jean Vilar. Estas no son figuras marginales en la historia del siglo veinte de Francia, y Vichy fue el comienzo de sus carreras, no el final. La importancia de Mitterand apenas merece subrayarse; Beuve-Méry, fundador de Le Monde, fue el editor de periódicos más poderoso de Francia desde 1945 hasta 1969; Perroux fue el economista francés más distinguido del siglo veinte, así lo puso el francés Keynes en su obituario; Vilar fue el fundador del festival de Avignon, un pionero de la democratización del teatro en la Francia de posguerra. Mencionar estos nombres no es intentar desacreditar a los individuos relacionados, sino subrayar la complejidad de Vichy. Algunas de las personas de esta lista acabaron finalmente en la Resistencia, pero ello no significó necesariamente que repudiaran los valores que los habían llevado a Vichy. La Resistencia nunca fue monolítica, y las líneas que la separaron de Vichy no siempre estuvieron bien definidas.

(1) Quatre ans à rayer de notre histoire (1949)
(2) Para una memoria y representación de posguerra de la Ocupación, véase H. Rousso, The Vichy Syndrome (1991).
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 7:05 am

Ambigüedades

Las ambigüedades del periodo se pueden ilustrar con cinco breves citas. La primera es de Henri Frenay, uno de los primeros resistentes. Procede del manifiesto del movimiento de la Resistencia que él comenzó a organizar en el otoño de 1940:

Estamos apasionadamente entregados a la obra del mariscal Pétain. Nos suscribimos al cuerpo de las grandes reformas que se han llevado a cabo. Estamos animados por el deseo de que acaben siendo durables y que otras reformas completarán las ya realizadas. Es con este objetivo en mente que formamos parte del movimiento de Liberación Nacional...Todos aquellos que sirvan en nuestras filas, como todos los que ya están, serán auténticos franceses. Los judíos servirán en nuestras filas si han combatido realmente en una de las dos guerras (3).

La segunda cita procede de una carta escrita en junio de 1940 por François Valentin, quien poco después se convirtió en líder de la Légion des Combattants, una organización creada por Vichy para conseguir el apoyo de Pétain:

Considero una locura la actitud del gobierno de Pétain. Estamos abatidos. Ay, esto es cierto. Pero no es razón para aceptar como definitivo lo que, con un ejercicio de voluntad, no pasa de ser un accidente. ¡Tratar con el enemigo es rendirse! Es reforzar a Alemania contra Inglaterra, nuestra última esperanza; es deshonrarnos al suministrar armas a nuestro enemigo contra nuestro aliado. Debemos esperar y por tanto aguantar...[...](4).

La tercera procede del diario del filósofo católico Emmanuel Mounier, que era, cuando escribió estas palabras en octubre de 1940, un capacitado defensor del régimen de Vichy. Comenta el estatuto de Vichy que discriminaba a los judíos:

Esta noche apareció el vergonzoso estatuto judío, mucho más severo que cualquier cosa que hubiera sido esperado...Me siento envejecido como por una enfermedad (5).

La cuarta procede de Maurice Ripoche, el fundador de la organización de la Resistencia Ceux de la Résistance:

Debemos deshacernos de los políticos charlatanes y judíos sin patria (6).

La quinta cita procede de un estudio publicado en 1942 por el movimiento de la resistencia OCM:

La minoría judía, concentrada en algunos grandes centros y representada en el entorno político, intelectual y financiero está activa y muchísimo en evidencia...El antisemitismo...permanece universal incluso en países liberales. Esto sugiere que está basado en una realidad (7).

Un resistente pro-Pétain, uno pro-británico y un pétainista anti-alemán; dos resistentes antisemitas: estas no son las categorías que podríamos esperar. Revelan la complejidad de la reacción a la Ocupación y el alcance que los antagonistas podrían compartir en supuestos con sus enemigos y los de su propio bando. La gente que hace diferentes elecciones a menudo lo hace en defensa de valores similares.

(3) En D. Cordier, Jean Moulin: L'Inconnu du Panthéon, i. Une ambition pour la République (1989), 25-8.
(4) Valentin escribiendo a su mujer el 23 de junio de 1940, citado en J. P. Cointet, La Légion Française des combattants 1940-1944: La Tentation du fascisme (1995), 71.
(5) Cordier, Jean Moulin: L'Inconnu du Panthéon, iii. De Gaulle capitale de la Résistance (1993), 214.
(6) Citado ibid. 219
(7) A. Calmette, L'"OCM"-Organisation civile et militaire. Histoire d'un mouvement de résistance (1961), 53.
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 7:37 am

Las Francias de Péguy

Un punto de referencia común para los resistentes, conservadores de Vichy y fascistas con base en París fue Charles Péguy. El día que el mariscal Pétain anunció que estaba buscando un armisticio, el activista cristiano demócrata Edmond Michelet distribuyó por las calles de su ciudad un folleto que contenía seis citas de Péguy. Una de éstas rezaba: “En la guerra quien no se rinde es mi hombre, quienquiera que sea, de donde quiera que venga, y cualquiera que sea su partido...Y quien se rinde es mi enemigo quienquiera que sea, de donde quiera que venga y cualquiera que sea su partido” (8). Michelet fue el primero de muchos resistentes en citar a Péguy. Su nombre fue invocado a menudo por resistentes que se oponían a las leyes antisemitas de Vichy (9). El propio De Gaulle se embarcó en la obra de Péguy; lo citó en un discurso el 18 de junio de 1942 (10).

Vichy también fue proclive a reclamar el patrocinio de Péguy. Hubo incluso conversaciones para instituir un día festivo nacional para commemorarlo (11). Péguy fue citado como una inspiración detrás de la contrarrevolución conservadora del régimen, bautizada la Revolución Nacional (12). Uno de los hijos de Péguy, Pierre, escribió un libro para apoyar esta interpretación (13). Pero Péguy también fue elogiado por los “colaboracionistas” de línea dura que creían que las reformas de Vichy eran insuficientemente radicales y querían un régimen fascista en Francia. Uno de este grupo, el novelista Robert Brasillach, vio a Péguy como “el inspirador de la nueva Francia, en resumen un nacionalsocialista francés”. Sólo se lamentaba de que Péguy no había sido racista (14), pero en 1941 otro hijo de Péguy, Marcel, publicó Le Destin de Charles Péguy, que afirmaba: “Mi padre es ante todo un racista...Se podría resumir su pensamiento como: un país, una raza y un líder” (15).

No es inusual que personajes históricos sufran una anexión póstuma que tiene poco respeto por la realidad de sus vidas -Juana de Arco también fue invocada por todos los bandos bajo la Ocupación- pero la obra de Péguy se presta genuinamente a la interpretación contradictoria. Como joven socialista al final del siglo, [Péguy] fue un ardiente defensor de la inocencia de Alfred Dreyfus, viendo la causa de Dreyfus como una cruzada espiritual para defender la pureza de la tradición republicana. Sin embargo, hacia 1904 había llegado a deplorar la forma en que el Deyfrusismo había sido apropiado por políticos oportunistas. Como puso en un famoso aforismo: “Todo comienza como mystique y termina como politique”. En 1905, a la sombra de la rivalidad franco-alemana, el libro de Péguy, Notre patrie, celebraba el patriotismo y le distanciaba del internacionalismo de los socialistas con quienes había batallado por Dreyfus. En 1910, su poema Le Mystère de la charité de Jeanne d'Arc anunciaba su conversión al catolicismo. Murió en la Batalla del Marne en 1914, tras convertirse en objeto de un culto patriótico (16).

Sin embargo, el punto central sobre Péguy no es que su vida fuera una serie de renuncias y repudios. Fue más bien una de acumulaciones y acrecentamientos. No fue, como él lo vio, primero socialista, republicano y pro-judío, y luego católico y patriota: fue todas estas cosas al mismo tiempo. Esto hacía de Péguy un miembro incómodo de cualquier campo al que se uniera. Era un republicano que despreciaba a los partidos políticos; un católico que atacaba a la Iglesia institucional; un defensor de la raigambre francesa que escribió apasionados elogios del judaísmo. Sobre todo, Péguy fue un moralista y un profeta. Si hay un hilo a través de su obra, ha de encontrarse en su profunda inmersión en la historia francesa, su recelo de lo “moderno”, y su culto a las tradiciones del campo y el trabajo artesano franceses. Afirmando despreciar a los intelectuales que sólo trataban con abstracciones -una de sus palabras clave es charnel- Péguy se involucró tanto en la producción física del periódico que publicaba como en escribir para él. La creencia fundamental de Péguy fue que todas las tradiciones que celebró -la católica, la socialista (su socialismo nunca fue marxista), la republicana, la judía- eran parte de un rico suelo de la historia de Francia. No hay escritor más francés que Péguy, pero estaba en la confluencia de muchas Francias diferentes.

Los conservadores de Vichy admiraban la obsesión de Péguy con la raigambre y la tradición; De Gaulle su apasionado patriotismo; los resistentes católicos su preocupación por los valores espirituales; los resistentes republicanos su defensa de la pureza del ideal republicano; los fascistas su furiosa intransigencia. Estas tendencias no pueden separarse fácilmente, y esto es lo que hace a Péguy un emblema perfecto para la historia de Francia entre 1940 y 1944.

Durante los últimos veinticinco años esta historia retorcida ha sido el tema de una investigación histórica intensiva. Nada podría ser menos cierto que el cliché periodístico, especialmente común entre los británicos, de que Francia no ha logrado “confrontar” su pasada guerra. Así ante el reciente juicio del funcionario de Vichy, Maurice Papon, por crímenes contra la humanidad, The Times informó a sus lectores que el asunto “inició el camino para un doloroso y atrasado examen de la pasada guerra de Francia (17). La revaluación puede ser dolorosa, pero no está atrasada. Si uno entra en una librería en Francia, hay frecuentemente una mesa completa mostrando las obras recientes sobre la Ocupación, y normalmente las que se concentran en sus aspectos más desagradables...El flujo de escritos sobre la Ocupación parece imparable: es ahora el periodo más intensamente investigado de la historia de Francia.

(8) H. Noguères, Histoire de la Résistance en France, i (1967), 455-6; H. R. Kedward, Resistance in Vichy France (1983), 25-7
(9) v.g., la segunda edición del periódico de la resistencia, La France continue, de octubre de 1941, y la sexta edición del diario de la resistencia, Cahiers du témoignage chrétien. Véase también Péguy-Péri publicado por la editorial clandestina de la Resistencia Éditions de Minuit en 1944. Para los usos y abusos del nombre de Péguy bajo la Ocupación, véase J. Bastaire, Péguy contre Pétain: L'Appel du 18 juin (2000).
(10) Sobre De Gaulle y Péguy véanse los artículos en Études gaulliennes, 13/41 (1983).
(11) S. Laurent, "Daniel Halévy 1872-1962: Face á l'histoire et á la politique" (Tesis, Institut d'études politiques, Paris, 1993), 171.
(12) D. Halévy, Péguy (1941); P. Donceur, Péguy, la Révolution et le sacré (1943); R. Vallery-Radot, Sources d'une doctrine nationale: De Joseph de Maistre á Charles Péguy (1942).
(13) Péguy présenté aux jeunes (1941).
(14) D. Carroll, French Literary Fascism: Nationalism, Anti-Semitism and the Ideology of Culture (1995), 47.
(15) pp. vi, viii.
(16) G. Leroy, Péguy entre l'ordre et la révolution (1981) es el mejor estudio de Péguy.
(17) 19 de septiembre de 1996.
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 8:35 am

1945-1965: La Resistencia escribe su Historia

La escritura de la historia de la Ocupación comenzó incluso cuando los soldados alemanes estaban presentes todavía en Francia. En octubre de 1944, el gobierno de De Gaulle estableció un comité histórico para estudiar la ocupación y la liberación de Francia. Se convirtió en el Comité d'histoire de la Deuxième Guerre mondiale, presidido por el historiador Henri Michel. El Comité comenzó construyendo un archivo de material relacionado con la guerra, y fundó una revista, Revue d'histoire de la Deuxième Guerre mondiale, que publicó los primeros artículos académicos sobre el periodo, y lo ha hecho así desde entonces. El Comité tenía un equipo de corresponsales departamentales -156 en 1979-, muchos de ellos profesores de escuela secundaria, que recogieron información local sobre la Ocupación y llevaron a cabo unas 2.000 entrevistas con resistentes. En 1980 fue integrado en el Institut d'histoire du temps présent (IHTP), que está dedicado al estudio de la historia contemporánea en general, pero todavía se centra fundamentalmente en la Ocupación.

En los primeros veinte años después de la guerra, la obra histórica se centró principalmente en la Resistencia. Cuando Michel publicó una bibliografía crítica de la Resistencia en 1964, listó 1.200 temas (19). Muchos de ellos eran la obra de antiguos resistentes que querían contar sus historias. También escribieron memorias miembros de los franceses libres de De Gaulle con base en Londres (20), y algunos líderes de la Resistencia que permanecieron en Francia (21). Salieron a la luz retratos muy diferentes dependiendo de si el escritor había estado en Londres o en Francia. El coronel Passy, jefe del servicio de inteligencia de De Gaulle, describió la Resistencia en Francia como “un abundante deseo de hacer bien, valientes ideas y exaltada imaginación que se tradujo en acciones desorganizadas sin eficacia real” (22). Las propias memorias de De Gaulle que aparecieron entre 1954 y 1959 decían un montón sobre sus conflictos con sus aliados anglosajones, pero trataban la Resistencia con una mezcla de respeto glacial y olímpico desdén, como una pieza de la más grande empresa gaullista para rescatar el honor francés.

A partir de 1951 comenzó a aparecer un número de historias con un estudio del pequeño movimiento de la Resistencia (23), continuando ya en la década de 1960 con historias de movimientos más grandes (24) e instituciones de la Resistencia (25). La mayoría de ellas aparecieron alentadas por el Comité de Michel en una serie llamada “Esprit de la Résistance”, cuyo autoproclamado objetivo iba a ser “la edificación de nuestros ciudadanos y el restablecimiento de una verdad que ponga a cada persona en su justo lugar, y la formación de la juventud de Francia” (26). Aunque los autores habían estado envueltos normalmente en la Resistencia, estos fueron trabajos académicos basados considerablemente en evidencia oral. Como escribió Lucien Febvre en el prefacio de un estudio, la generación de la Resistencia tenía que proporcionar su propia cuenta de su historia (27). El Comité comenzó a producir incluso una cronología, département por département, de cada simple acto de resistencia registrado en más de 150.000 fichas. No sólo significaba que el positivismo histórico se volviera loco, sino que era también un acto de piedad: el Comité vio su papel como transmisor de parte del patrimonio nacional a las futuras generaciones (28).

La figura dominante de esta historiografía fue Henri Michel (1907-86), cuya prolífica producción incluyó la primera historia general breve de la Resistencia en 1950, la primera tesis doctoral dedicada a ella, y el primer estudio académico de un simple movimiento de resistencia (29). Antes de 1940, Michel había sido profesor de historia y activista socialista en Toulon. Participó en la Resistencia del département de Var, representando a los socialistas en el Comité de Liberación Departamental. Fue académico y divulgador eficaz, inspirado por un sentido del deber a la memoria de la Resistencia. Fue, escribió, “uno de los episodios más magníficos de la historia de Francia”, pese al hecho de que “pasando de mystique a politique, acabó lleno, a pesar de sí mismo, de impurezas” (30). Michel, aunque no ignoraba el conflicto entre Francia y Londres, deja algunas veces que la piedad saque lo mejor de él. Así en su biografía de Jean Moulin escribió sobre el conflicto entre Moulin y otro notable resistente gaullista, Pierre Brossolette: “En mi opinión, no es necesario entretenerse con este episodio. Jean Moulin y Pierre Brossolette murieron heroicamente como víctimas de la Gestapo y nuestro recuerdo de ellos no puede disociarse del mismo sentimiento de respeto y admiración” (31). Esta biografía apareció en 1964, el año en que la decisión de De Gaulle de transferir los restos de Moulin al Panthéon significaba que había sido elegido como el héroe emblemático de la Resistencia, el hombre que la había unificado y congregado en torno a De Gaulle.

Este consenso gaullista fue rechazado por los comunistas que proclamaban su papel predominante en la Resistencia (32). El Partido restó importancia a la alocución de De Gaulle en la BBC el 18 de junio de 1940 y afirmó que su propio Llamamiento de 10 de julio había sido más importante. Sin embargo, los historiadores no comunistas razonaron que el Partido no había comenzado a resistir hasta que Hitler invadió la Unión Soviética en junio de 1941. Un aspecto en el que convergieron las interpretaciones gaullistas y comunistas fue el énfasis en la centralidad de la resistencia, fuera gaullista o comunista. Entre estos gaullistas y comunistas monolíticos, hubo poco espacio para las voces disidentes, aunque una o dos surgieron a través de las memorias de resistentes como Emmanuel d'Astier de la Vigerie y Georges Bidault. Pero no afectaron sustancialmente al cuadro general. D'Astier tenía reputación de irreverente y Bidault era conocido por tener rencillas personales contra De Gaulle, a cuya política argelina se oponía (33).

Esta concentración en la Resistencia significó que la historia de Vichy fue en gran parte ignorada. La Revue d'histoire de la Deuxième Guerre mondiale no dedicó un tema a la Ocupación y Vichy antes de 1964. La mayoría de los escritos sobre Vichy tomó la forma de memorias exculpatorias escritas por los antiguos defensores del régimen (34). El comienzo de la Guerra Fría proporcionó una audiencia más comprensiva hacia estos relatos que los que habían recibido en 1945. En 1957, la hija de Laval produjo una colección de tres volúmenes de testimonios de antiguos colaboradores de su padre. Aunque mucha de la documentación fue útil, las interpretaciones eran tendenciosas y provocaron una airada refutación por los historiadores del Comité (35).

La primera historia de Vichy no vino de un historiador académico, sino del escritor Robert Aaron en 1954. En la década de 1930, Aaron era uno de esa generación de jóvenes intelectuales disgustados por lo que consideraban era la impotencia de la Tercera República. El propio Aaron había pertenecido a un grupo llamado Ordre nouveau, cuyos miembros incluían a Jean Jardin, que fue más tarde un estrecho asesor de Laval en 1942. Gracias a su relación con Jardin, Aaron eludió la persecución antisemita y escapó a África del Norte, donde apoyó al general Giraud, el general conservador a quien los americanos patrocinaron como contrapeso a De Gaulle. Aaron estaba bien relacionado en el mundo de la política y los negocios, y su historia de Vichy descansó en un grado considerable en información personal (y también en los registros de los juicios de posguerra). Escribiendo sin nostalgia alguna por la Tercera República, Aaron produjo un sutil relato apologético de Vichy que razonaba que el régimen había actuado como un “escudo” entre los franceses y los alemanes, haciendo lo mejor para resistir la presión alemana para la colaboración. Cuando esto no tuvo éxito, la culpa fue de Laval, no de Pétain (36). La distinción de Aaron entre un Vichy de Pétain y un Vichy de Laval recibió en 1956 el imprimátur del respetado científico político André Siegfried (37).

Con todos sus fallos, el libro de Aaron tuvo el mérito de ver Vichy como algo más que un simple instrumento de Alemania. Lo reintrodujo en la historia francesa como digno de estudio en sí mismo. Aunque la interpretación de Aaron sobre Vichy fue claramente no gaullista, no socavó necesariamente el mito gaullista. Al sugerir que Vichy había intentado resistir a su propio modo, Aaron, como los gaullistas y comunistas, limitó el número de auténticos “traidores” a un puñado. También concordó que la “auténtica” Francia estaba en la resistencia; simplemente quiso incluir a Vichy en ella.

(18) H. Michel, "Le Comité d'histoire de la Deuxième Guerre mondiale", RHDGM 124 (1981), 2-17.
(19) Bibliographie critique de la Résistance (1964). De hecho, muchos de los asuntos relacionados tienen que ver más con Vichy que con la Resistencia.
(20) Coronel Passy (A. Dewavrin), 2º Bureau Londres (1947); id., 10 Duke Street Londres (1948); id., Missions secrètes en France (1951); J. Soustelle, Envers et contre tout, 2 vols.(1947-50).
(21) G. de Bénouville, Le Sacrifice du matin (1946); Y. Farge, Rebelles, soldats et citoyens (1946); A. Humbert, Notre guerre (1946); C. Pineau, La Simple Vérité (1961).
(22) 10 Duke Street, 105.
(23) F. Bruneau, Essai d'historique du mouvement né autor du journal clandestin Résistance (1951).
(24) M. Granet y H. Michel, Combat: Histoire d'un mouvement de Résistance (1957); M. Granet, Défense de la France (1960); A. Calmette, L' "OCM"; M. Granet, Ceux de la Résistance (1964).
(25) R. Hostache, Le Conseil nationale de la Résistance (1958).
(26) G. Bidault en el prólogo a H. Michel y B. Mirkine-Guetzévitch, Les idées politiques et sociales de la Résistance (1954), p. vi.
(27) Les Idées, p. x; repetido por el propio Michel en Granet y Michel, Combat, 3-4.
(28) Michel, "Le Comité", 9; id., "Pour une chronologie de la Résistance", Revue historique, 224 (1960), 111-22.
(29) Id., Histoire de la Résistance en France (1951); id., Les Courants de pensée de la Résistance (1962); Granet y Michel, Combat.
(30) Histoire de la Résistance (edición de 1969), 118, 125.
(31) Jean Moulin: L'Unificateur (1964), 159.
(32) Institut Maurice Thorez, Le Parti français communiste dans la Résistance (1967); J. Duclos, Mémoires: Dans la bataille clandestine (1970); C. Tillon, Les FTP (1962); F. Grenier, C'était ainsi (1959).
(33) E. Astier de la Vigerie, Sept fois sept jours (1961); G. Bidault, D'une Résistance à l'autre (1965).
(34) H. du Moulin de Labarthète, Le Temps des Illusions: Souvenirs (juillet 1940-avril 1942) (1946); M. Peyrouton, Du service public á la prison commune (1950); Y. Bouthillier, Le Drame de Vichy, 2 vols. (1950-51); J. Barthélemy, Mémoires, ministre de la justice: Vichy (1941-1943) (edición de 1989).
(35) La Vie des Français sous l'occupation (1957); P. Arnault et al., La France sous l'Occupation (1959).
(36) Histoire de Vichy 1940-1944 (1954).
(37) Siegfried, "Le Vichy de Pétain, le Vichy de Laval", Revue française de science politique, 6/4 (1956), 737-49.
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 9:15 am

Década de 1970: Entra el Régimen de Vichy

Los historiadores profesionales por fin dirigieron su atención hacia Vichy a finales de la década de 1960. Desde entonces se pueden discernir tres fases distintas en el estudio de Vichy. La primera se centró principalmente en la naturaleza del régimen; la segunda en la opinión pública y las reacciones de los diferentes grupos sociales; la tercera en las interacciones entre el régimen y la sociedad.

La primera fase fue inaugurada con la publicación en 1972 de Vichy France: Old Guard and New Order, 1940-1944 (traducido al francés un año más tarde), de Robert Paxton. Paxton, que enseñaba en la Universidad de Columbia, ya había establecido sus credenciales académicas con un estudio del ejército bajo Vichy (38). Pero su segundo libro causó indignación en algunos lugares de Francia, no menos por la presunción de que un americano de 41 años de edad diese lecciones a los franceses sobre su pasado. Henri Michel, que reseñó el libro favorablemente, se preguntó si la pasión moral subyacente en la erudición de Paxton no estaba inspirada por un grado de sentimiento anti-francés. Respondiendo a este punto en el prólogo a una edición de su libro de 1982, Paxton observó que, escribiendo en la época de la guerra de Vietnam, su objetivo era el “conformismo nacionalista de cualquier tipo” (39). Desde entonces Paxton se ha convertido en la inspiración para una generación de jóvenes historiadores franceses; recientemente su libro fue descrito en Francia como la “revolución copernicana” en el estudio de Vichy (40), y se ha convertido en el historiador más célebre de Vichy. Su libro, incluso después de veinticinco años, sigue siendo el mejor estudio del régimen.

La interpretación de Paxton tuvo tres hilos principales. Primero, mostró que los líderes del régimen de Vichy habían buscado sistemáticamente colaborar con Alemania. Haciendo amplio uso de los archivos alemanes, Paxton rechazó la distinción entre un Vichy de Laval colaborador y pro-alemán, y uno de Pétain patriota y anti-alemán. Para Paxton, no hubo un doble juego pétainista. Segundo, Paxton argumentó que Vichy tenía un proyecto interior para la regeneración política de la sociedad francesa. Donde había sido costumbre ver a Vichy como una víctima de las circunstancias y culpar a los alemanes de sus más desagradables políticas, Paxton distinguió entre políticas que fueron impuestas por los alemanes y las que no fueron impuestas. Por ejemplo, mostró de modo incontrovertible que Vichy tenía su propia agenda antisemita. Tercero, Paxton demostró la complejidad e incoherencia de las políticas internas de Vichy. En vez de ver Vichy como un régimen exclusivamente reaccionario, Paxton mostró que contenía tanto modernizadores como conservadores: el subtítulo de su libro fue “Vieja Guardia y Nuevo Orden”. Así, Paxton reintrodujo a Vichy en un contexto histórico más grande, ampliando las continuidades con el pasado y futuro de Francia. Vichy ya no se podía ver como una aberración o un paréntesis en la historia francesa.

Sería un error ver la interpretación de Paxton como novedosa en todos los aspectos. El impacto de su libro ha ensombrecido otros estudios que anticipaban muchas de sus conclusiones. Estaba, por ejemplo, el historiador franco-americano Stanley Hoffmann, que había pasado su adolescencia en la Francia ocupada. Hoffmann fue el autor de dos brillantes artículos, que permanecen entre las piezas más importantes que se han escrito sobre el régimen. En el primero, interpretó Vichy no como una simple revancha de la derecha reaccionaria, sino como una “dictadura pluralista” donde las diferentes facciones políticas competían por la influencia. En el segundo, analizó las diferentes tendencias de la colaboración (41). Aunque Hoffmann expresó que hubo varios Vichy y varios tipos de colaboración, la distinción no fue entre una “buena” y una “mala”, entre Pétain y Laval. Aunque subrayó la diversidad de Vichy, Hoffmann abogó por una lógica interna que discurrió a través de la historia del régimen de principio a fin.

Otro trabajo pionero, que apareció en traducción francesa en 1968, fue La France dans l'Europe de Hitler del historiador alemán Eberhard Jäckel (42). De archivos alemanes, Jäckel mostró que Vichy había buscado activamente la colaboración, y que esta política había sido llevada a cabo incluso cuando Laval no estaba en el poder. Las políticas internas de Vichy fueron objeto de escrutinio en 1970 cuando la augusta Fondation nationale des sciences politiques organizó un coloquio en Vichy, reuniendo a sobrevivientes del periodo e historiadores del mismo (43). Aunque limitado en sí mismo al estudio de la política e instituciones, este coloquio proporcionó información nueva sobre la política de Vichy, y trató el asunto de la continuidad entre Vichy y los años que la rodearon.

Estos estudios desbarataron la interpretación de Aaron, pero fue el estudio de Paxton el que causó impacto (44). Su libro fue escrito con una pasión moral que fue de lo más efectiva al moderarse en sus expresiones. Más importante, nadie había ofrecido semejante síntesis mordazmente exhaustiva. Los artículos de Hoffmann construyeron el marco conceptual sobre el cual podría ser escrita una historia de Vichy, pero él mismo no había escrito esa historia; Jäckel no había tratado la política interior; el coloquio de 1970 no había cubierto la política exterior, y así dejaba a un lado la relación entre las reformas internas de Vichy y la colaboración.

No basta con escribir un buen libro de historia (que Paxton ciertamente escribió); ayuda a escribirlo en el momento adecuado. El libro de Paxton apareció cuando el mito gaullista estaba perdiendo su credibilidad, y la gente deseaba oír lo que él estaba diciendo. El libro de Jäckel, aunque más estrecho en su foco que el de Paxton, apenas fue menos importante. Apareciendo en francés en 1968, vendió 3.000 copias en los primeros diez años; el de Paxton vendió 58.000 en sus primeros doce años (45).

La obra posterior sobre el régimen ha ampliado o refinado las interpretaciones de Paxton, pero no las desafiaron sustancialmente (46). En 1982 el decano de los historiadores diplomáticos franceses, Jean-Baptiste Duroselle, realizó un estudio de política exterior basado en archivos franceses recientemente abiertos. Identificó más debate interno en la creación de la política exterior francesa, pero no difirió fundamentalmente de Paxton excepto en detalles (47). Los estudios de la formulación de la política económica en Francia por el historiador americano Richard Kuisel y el historiador francés Michel Margairaz han subrayado de forma todavía más enfática que Paxton las continuidades entre Vichy y lo que vino antes y después: su relato de la modernización de la economía francesa concede un papel central al periodo de Vichy (48).

Ha habido algunas acciones de retaguardia contra la interpretación de Paxton. Michèle Cointet ha intentado rescatar la existencia en Vichy de una tradición liberal al estudiar el intento del régimen de establecer un cuerpo consultivo llamado el Consejo nacional (49). Pero si merece escribirse la historia del Consejo, no se le debería dar una excesiva importancia: no tenía poder. En 1989 hubo una biografía audazmente apologética del líder de Vichy, el almirante Darlan. Pero pese a los mejores esfuerzos de los autores, la nueva documentación que desenterraron sólo socavó más el caso que deseaban probar (50). El consenso existente en la profesión histórica hoy en día viene mejor demostrado por el hecho de que cuando en 1990 Francis-Georges Dreyfus proporcionó una versión réchauffé de la tesis de Aaron, sus esfuerzos provocaron la indiferencia más que la indignación (51).

(38) Parades and Politics at Vichy: The French Officer Corps under Marshal Pétain (Princeton, 1966).
(39) Rousso, Vichy Syndrome, 251-6. Para la recepción crítica de Paxton en Francia, véase J. Sweets, "Chaque livre un événement: Robert Paxton and the French, from briseur de glace to iconoclaste tranquille", en S. Fishman et al. (eds.), France at War: Vichy and the Historians (Oxford, 2000), 21-34.
(40) J.-P. Azéma y F. Bédarida, "Vichy at ses historiens", Esprit, 181 (1992), 43-51: 47.
(41) "The Vichy Circle of French Conservatives" (1956) y "Self-Ensnared: Collaboration with Nazi Germany" (1968), ambos reimpresos en S. Hoffmann, Decline or Renewal? France since the 1930s (New York, 1974), 3-25 y 26-44.
(42) (publicado primero en alemán, 1966).
(43) Fondation nationale des sciences politiques, Le Gouvernement de Vichy 1940-1942 (1972).
(44) Otros estudios pioneros importantes que merecen no ser olvidados fueron A. Hytier, Two Years of French Foreign Policy: Vichy 1940-1942 (Geneva, 1958); H. Michel, Vichy, année 1940 (1966); G. Warner, Pierre Laval and the Eclipse of France (1968); Y. Durand, Vichy (1972).
(45) Rousso, Vichy Syndrome, 276.
(46) La interpretación de Paxton fue seguida por el principal libro de texto francés sobre el periodo, J.-P. Azéma, De Munich á la Libération (1979).
(47) L'Abîme 1939-1945 (1982).
(48) Margairaz, L'État, les finances et l'économie: Histoire d'une conversion 1932-1952 (1991); Kuisel, Capitalism and the State in Modern France (Cambridge, 1981).
(49) Le Coinsel national de Vichy 1940-1944 (1989).
(50) H. Coutau-Bégarie y C. Huan, Darlan (1989); véase la crítica de Paxton, "Un admiral entre deux blocs", VSRH 36 (1992), 3-19.
(51) Histoire de Vichy (1990). Véase H. Rousso, "Quand Vichy est soumis á la 'révision' ", L'Histoire, 139 (1990), 82-4, y 141 (1991), 64-5.

Por la tarde remato.
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 12:50 pm

La Década de 1980: Del Régimen a la Sociedad

La segunda fase en la historiografía de Vichy se movió a finales de la década de 1970 desde un estudio del régimen a un estudio de los que vivieron bajo él, desde la política a la sociedad (52). Ya que Paxton discutió este tema, su opinión fue que la Resistencia fue una diminuta minoría, y que la mayoría de la gente, cualesquiera que fueran sus opiniones privadas sobre los alemanes, fue “colaboradora funcional”. Así como los archivos alemanes habían permitido a Paxton desafiar la ortodoxia previa, fue la apertura de los informes de los prefectos, y otros informes contemporáneos sobre la opinión pública, lo que permitió que fuese contestado el juicio de las actitudes de la población francesa. Los prefectos son los agentes del gobierno en los départements. Cada département tiene un prefecto a su cabeza, y uno de sus deberes consiste en proporcionar al gobierno boletines regulares sobre la opinión pública. Obviamente, esta fuente necesita de un uso cuidadoso, no sólo porque los informes de los prefectos estaban coloreados con los propios supuestos ideológicos de su autor, y su déformation professionnelle los inclinaba a presentar un cuadro que correspondía a los deseos de sus superiores. Pero estos sesgos pueden detectarse, y bajo Vichy los prefectos pronto reportaban lo que sus superiores no deseaban oír. Usando estas fuentes, Pierre Laborie, del département de Lot en el suroeste, y John Sweets, de la ciudad de Clermont Ferrand, llegaron a conclusiones notablemente similares acerca de la opinión pública (53). Hallaron una hostilidad casi universal a los alemanes desde el principio, y un desencanto bastante rápido con Vichy. Si los franceses estaban attentiste, no fue por simpatía por el ocupante. Una proliferación de estudios regionales ha confirmado en gran medida estas interpretaciones.

Más importante, estos estudios han desafiado categorizaciones de opinión demasiado simplistas. La dicotomía entre “resistencia” y “colaboración” es demasiado burda para acomodar la multiplicidad de respuestas al régimen. Laborie ha trazado la confusión, variabilidad y complejidad de la opinión pública (54). Estos estudios generales de opinión pública han sido reforzados por estudios de grupos políticos y sociales particulares: colaboradores comprometidos (55), trabajadores (56), industriales (57), prisioneros de guerra (58), mujeres (59) y la juventud (60). La mejor indicación de la transformación de las agendas de investigación fue la publicación veinte años después del coloquio de 1970 sobre el régimen de otro gran coloquio organizado en 1990 por la IHTP sobre el tema de “Vichy y el pueblo francés” (61).

La tercera fase de la historiografía de Vichy desde mediados de la década de 1980 se ha dedicado a la interacción entre el régimen y el pueblo: el estudio de las organizaciones sociales y culturales, algunas establecidas o alentadas por el régimen, otras independientes de él, que mediaron entre el estado y la sociedad. Esto ha abierto nuevas áreas de investigación dentro del cine (62), teatro (63), arte (64), propaganda (65), representaciones iconográficas (66), organizaciones laborales (67), y así sucesivamente. Estos estudios revelaron todo tipo de posiciones intermedias entre el apoyo al régimen y la oposición a él: especialmente en la esfera cultural, el régimen se vio como permitiendo un grado sorprendente de flexibilidad. De nuevo, estas nuevas agendas de investigación fueron discutidas en otro importante coloquio del IHTP en 1987 dedicado a la “vida cultural bajo Vichy” (68).

Si se desea resumir la periodización que ha sugerido este sondeo historiográfico, sería como sigue: Una interpretación benevolente del régimen de Vichy y la conducta de los franceses que vivieron bajo él (Aaron: mediados de la década de 1950 a mediados de la década de 1960) fue sustituida por una más crítica (Paxton: mediados de la década de 1970 a mediados de la década de 1980); y esto fue posteriormente modificado por un relato más matizado de las actitudes sociales y políticas de la población francesa (Laborie: mediados de la década de 1980 en adelante).

(52) Un pionero fue M. Baudot, L'Opinion publique sous l'occupation, sobre el département Eure.
(53) Laborie, Résistants, Vichyssois et autres: L'Évolution de l'opinion et des comportements dans le Lot 1939 à 1944 (1980); Sweets, Choices in Vichy France (New York, 1986).
(54) L'Opinion publique sous Vichy (1990).
(55) P. Ory, Les Collaborateurs 1940-1945 (1976); B. Gordon, Collaborationism in France during the Second World War (1980).
(56) "Syndicalismes sous Vichy", edición especial de MS 158 (Jan./Mar. 1993), ed. J.-L. Robert; D. Peschansky y J.-L. Robert, Les Ouvriers en France pendant la Deuxème Guerre mondiale (1992).
(57) R. de Rochebrune y J.-C. Hazera, Les Patrons sous l'Occupation (1995); A. Beltram, R. Frank y H. Rousso, La Vie des enterprises sous l'Occupation (1994).
(58) Y. Durand, La Captivité: Histoire des prisonniers de guerre français 1939-1945 (1980).
(59) S. Fishman, We will wait: Wives of French Prisoners of War, 1940-1945 (1991); H. Diamond, Women and the Second World War in France 1939-1948: Choices and Constraints (1999), 82-6.
(60) W. Halls, The Youth of Vichy France (Oxford, 1981) (un trabajo pionero, pero más sobre las políticas del régimen que de las respuestas de los que vivieron bajo él); P. Giolitto, Histoire de la jeunesse sous Vichy (1991).
(61) Véase VEF; véase también P. Burrin, La France à l'heure allemande (1995).
(62) J.-P. Bertin-Maghit, Le Cinéma sous l'Occupation (1989); F. Garçon, De Blum à Pétain: Cinéma et société française 1936-1944 (1984).
(63) S. Added, Le Théâtre dans les années Vichy 1940-1944 (1992).
(64) L. Bertrand-Dorléac, L'Art de la défaite 1940-1944 (1993); M. Cone, Artists under Vichy: A Case of Prejudice and Persecution (Princeton, 1992).
(65) L. Gervereau y D. Peschansky, La Propagande sous Vichy 1940-1944 (1990).
(66) C. Faure, Le Projet culturel de Vichy: Folklore et Révolution nationale 1940-1944 (1989).
(67) J.-P. Le Crom, Syndicats, nous voilà! Vichy et le corporatisme (1995).
(68) J.-P. Rioux (ed.), La Vie culturelle sous Vichy (Brussels, 1990).
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 1:23 pm

El Gran Ausente: Los Judíos

Estas etapas historiográficas aparecen de forma especialmente clara en la manera en que la historiografía ha tratado un tema específico: Vichy y los judíos. Hasta finales de la década de 1960 el destino de los judíos y la política de Vichy hacia ellos fue ignorada en gran parte: la bibliografía de 1964 de Mitchel relaciona sólo un puñado de libros sobre los judíos. El coloquio de 1970 apenas menciona el tema en absoluto. No es cierto que no se escribiera nada sobre los judíos durante este periodo. Al contrario, un importante cuerpo de trabajo se realizó en el Centre de documentation juive contemporaine (CDJC) fundado durante la guerra por Isaac Schneersohn. Nacido en una familia polaca jasídica, Schneersohn llegó a Francia en 1920, donde se convirtió en un exitoso hombre de negocios. Su idea original para lo que vino a ser el CDJC fue reunir documentación para ayudar a los judíos a obtener la restitución de su propiedad después de la guerra. Gracias a una audaz iniciativa del joven ayudante de Schneersohn, Léon Poliakov, después de la Liberación, el CDJC obtuvo los documentos de la SS en Francia. Este importante cuerpo de archivos permitió al CDJC convertirse en un gran centro de investigación. En 1945 fundó Le Monde juif, la primera revista del mundo dedicada al estudio exclusivo del Holocausto (69). Los historiadores agregados al CDJC publicaron trabajos pioneros en las décadas de 1940 y 1950 sobre los judíos en la Francia ocupada durante la guerra: sobre la resistencia judía (70), sobre los campos de internamiento para judíos en la Francia ocupada (71), y sobre las instituciones de Vichy relacionadas con los judíos (72).

El trabajo del CDJC estuvo enteramente al margen de la historiografía oficial francesa y pasó desapercibido por el gran público, otro ejemplo de cómo la recepción del trabajo histórico es tanto un producto del tiempo en que es escrito como de su calidad “objetiva”. La negligencia fue tanto un resultado de la tendencia jacobina de la historiografía francesa -reluctante a tratar grupos específicos al margen de su identidad como ciudadanos franceses (73)- como una reluctancia de los propios judíos franceses a confrontar los horrores del periodo. Después de la guerra muchos judíos querían volver a integrarse en la sociedad francesa y prefirieron aceptar la idea de que la responsabilidad por su persecución descansaba en los alemanes.

La perspectiva cambió en la década de 1970, en parte porque la guerra árabe-israelí desarrolló un claro sentido de identidad entre la población judía de Francia, en parte como resultado del desafío de mitos tras The Sorrow and the Pity (el filme no escondió la persecución de los judíos). Entre los historiadores, Robert Paxton fue de nuevo un pionero, siendo coautor en 1981 de un relato implacable de la política de Vichy hacia los judíos, que mostró cómo las leyes discriminatorias de Vichy fueron aprobadas independientemente de la presión alemana, y expresaron que hasta 1942 la actitud de la población francesa hacia los judíos fue de indiferencia rayando la hostilidad (74). Al mismo tiempo, el abogado e historiador judío francés Serge Klarsfeld llegó a similares conclusiones sobre la política de Vichy (75). Klarsfeld, cuyo padre murió en Auschwitz, había querido rendir homenaje a las víctimas y hacer pagar a los culpables. Uno de los logros de Klarsfeld ha sido reconstruir minuciosamente los nombres de todas las víctimas judías del Holocausto de Francia (76). Fue su esfuerzo durante la década de 1980 el que presionó al gobierno francés para juzgar a los sobrevivientes ejecutores de la política judía de Vichy que habían eludido el castigo en la Liberación. Durante la década de 1980 apareció una cantidad ingente de libros sobre los judíos y Vichy, y sobre la salvaje política de persecución de Vichy: sus campos de concentración, su trato a extranjeros, gitanos, comunistas y judíos (77). Donde los historiadores habían distinguido una vez los primeros años del régimen de la política estatal de 1944, ahora se subrayaba la continuidad de la represión de Vichy: la persecución existió desde el principio y la radicalización fue simplemente una cuestión de grados (78). En la medida que los historiadores profesionales discutieron el destino de los judíos en la Francia ocupada, tomaron ahora la opinión de que el régimen de Vichy había hecho lo que estaba de su parte para protegerlos de los alemanes. Esta fue la línea seguida por el estudio pionero de Raul Hilberg sobre el Holocausto de 1961, The Destruction of the European Jews (79).

Sin embargo, recientemente los historiadores han comenzado a refinar su relato de la actitud de la población hacia los judíos, aunque sin cuestionar la culpabilidad del régimen. Han tenido que enfrentarse a la paradoja de que a pesar del antisemitismo de Vichy, una parte comparativamente alta de judíos en Francia sobrevivió a la guerra. Para Paxton la explicación reside en los caprichos de la policía alemana, pero para Klarsfeld, que siempre distinguió entre el régimen y la población, reside en las reacciones del pueblo francés. No es el único historiador judío francés (y sobreviviente) del periodo que ofrece esta perspectiva menos negativa de la que ha sido adoptada por otros recientes trabajos históricos sobre el asunto. Pero esto todavía no ha penetrado en el gran público que todavía resiste la opinión de que la Ocupación podría haber contenido, después de todo, héroes (80). No obstante, es interesante que el segundo filme de Louis Malle sobre la Ocupación, Au revoir les enfants (1987), la historia de tres niños judíos que reciben refugio en una escuela católica, pinta un cuadro menos sombrío que el presentado en Lacombe Lucien, aun cuando la película termina con el arresto de los muchachos.

(69) Véase A. Wieviorka, Déportation et génocide: Entre la mémoire et l'oubli (edición de 1995), 412-30; A. Kaspi, "Le Centre de documentation juive contemporaine", RHMC 23 (1976), 305-11; R. Poznanski, "La Création du Centre de documentation juive contemporaine", VSRH 63 (1999), 51-64; L. Poliakov, L'Auberge des musiciens (1980), 164-
5.
(70) D. Knout, Contribution à l'histoire de la Résistance juive en France (1947).
(71) J. Weill, Contribution à l'histoire des camps d'internement dans l'Anti-France (1946).
(72) J. Billig, Le Commissariat général aux questions juives (1955-60)
(73) Wieviorka, Déportation, 432.
(74) M. Marrus y R. Paxton, Vichy France and the Jews (New York, 1981).
(75) Vichy-Auschwitz: Le Rôle de Vichy dans la solution finale en France, 2 vols. (1983-85).
(76) Mémorial de la déportation des Juifs de France (1978).
(77) v.g., A. Grynberg, Les Camps de la honte: Les Internés juifs des camps français (1991).
(78) D. Peschanski, Vichy 1940-1944: Contrôle et exclusion (Brussels, 1997).
(79) M. Marrus, "Vichy France and the Jews: After Fifteen Years", en Fishman et al. (eds.), France at War, 35-47: 36-8.
(80) A. Rayski, Le Choix de juifs sous Vichy: Entre soumission er résistance (1992); S. Zuccotti, The Holocaust, the French and the Jews (Lincoln, Nebr., 1993); R. Poznanski, Être Juif en France pendant la Deuxième Guerre mondiale (1994); A. Cohen, Persécutions et sauvetages: Juifs et Français sous l'occupation et sous Vichy (1993).
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Vie Abr 04, 2014 3:24 pm

La década de 1990: Regresa la Resistencia

¿Qué le sucedió a la historia de la Resistencia durante estos años de obsesión con Vichy? (81). Fue inevitable que en la década de 1970 la ortodoxia gaullista sobre la Resistencia se enfrentara a un varapalo similar al recibido por la ortodoxia sobre Vichy. El primer desafío vino de las memorias de dos destacados resistentes, Henri Frenay y Claude Bourdet (82). Presentando una opinión de la Resistencia desde Francia y no Londres, fueron mordaces con la histórica anexión de De Gaulle de la Resistencia. También apareció una perspectiva principalmente metropolitana en la historia de cinco volúmenes de la Resistencia de Henri Noguères que apareció entre 1967 y 1981 (83). El propio Noguères había sido un líder de la Resistencia local de simpatías socialistas. Su libro, escrito en conjunción con otro antiguo resistente, el comunista Marcel Degliame-Fouché, proporcionó un relato de la Resistencia mes a mes, basado en los testimonios de destacados resistentes. El resultado es una crónica informativa, no una historia interpretativa. De hecho, sobre la polémica cuestión de la participación comunista en la Resistencia, los dos primeros volúmenes aparecieron con un apéndice discrepante de un tercer contribuidor, Jean-Louis Vigier, que dejó el proyecto tras este punto.

Noguères no era un historiador profesional, y el hecho más sorprendente sobre la historiografía de la Resistencia desde alrededor de 1970 es que ya no atrajo la atención de los historiadores franceses en el mismo grado que Vichy. No es cierto que la obra de la historia de la resistencia cesara después de 1970. De los 7.000 libros y artículos dedicados al periodo en los treinta años desde la bibliografía de Michel de 1964, al menos unos 1.500 estuvieron dedicados a la Resistencia (84). Se publicaron más libros sobre los movimientos de la Resistencia en la década de 1970, pero estos estudios, que se concentraron en las organizaciones, siguieron el modelo de los trabajos previos de la década de 1960 sin ofrecer nuevas agendas interpretativas (85). En 1992, la revista Esprit comentaría que la Resistencia se había convertido en “un espacio en blanco...un tabú” en la investigación histórica (86).

Fue sintomático de esta negligencia de los historiadores franceses por la Resistencia que el trabajo más importante que apareció en la década de 1970 fue de un historiador británico, H. Roderick Kedward: Resistance in Vichy France (1978), que estudiaba la Resistencia meridional hasta finales de 1942 (87). A diferencia de los anteriores historiadores de la Resistencia, estaba más interesado en los individuos y las motivaciones que en las estructuras y las organizaciones, en los inicios provisionales así como en los resultados. En este sentido su libro está fundamentado por el espíritu anti-institucional del radicalismo de la década de 1960. […] La falta de un interés dominante sobre la Resistencia supuso que el libro de Kedward tuviera que esperar once años (1989) por una traducción francesa. Paxton, que sólo había esperado un año, escribió el libro en el momento oportuno, Kedward el libro adecuado en el momento inoportuno.

No menos relevante del desinterés sobre la Resistencia de los historiadores profesionales franceses fue el hecho de que la mayor contribución a la historia de la Resistencia en la década de 1980 viniera de Daniel Cordier, un antiguo resistente fuera del establishment histórico. Durante la guerra, Cordier había dirigido la secretaría de Jean Moulin y poseía un archivo de telegramas y correspondencia entre entre la Resistencia y los Franceses Libres. Como cuenta Cordier en su historia, en la Liberación puso a un lado su pasado y comenzó una carrera de treinta años como tratante de arte moderno, evitando el contacto con los círculos de la Resistencia. Sin embargo, en 1977 se le invitó a aparecer en un debate de televisión sobre sobre Moulin y se encontró compartiendo tribuna con Henri Frenay, quien expuso el caso de que Moulin había sido un criptocomunista. Para desmentir esta acusación, Cordier regresó a sus archivos. Lo que comenzó como un deseo de refutar a Frenay se transformó en la ambición de escribir una biografía completa de Moulin (88).

A pesar de ser un actor del periodo que estaba estudiando, Cordier escribe como un historiador, confrontando la falibilidad de la memoria y las anécdotas poco fidedignas con la autoridad de la evidencia de archivo. Su biografía de Moulin contiene más de 4.000 páginas (89). Cordier ha proporcionado el relato más documentado y finamente analizado de la alta política de la Resistencia, especialmente la relación entre Londres y la Resistencia. Pero el trabajo de Cordier se originó como un acto de piedad -casi un acto de amor- y pese a sus aspiraciones hacia el rigor científico, cae algunas veces en el papel de abogado defensor de Moulin...

[…] desde finales de la década de 1980 ha habido un renacimiento del interés en la Resistencia entre los historiadores. Hay tres razones para esto. En primer lugar, la desestalinización gradual del Partido Comunista Francés abrió el camino para una apertura de la historiografía del Partido. En 1968 un historiador comunista francés admitió por primera vez la existencia de un protocolo secreto adjunto al Pacto nazi-soviético. Este primer revisionismo era titubeante, y cuando el historiador del Partido, Roger Bourderon, comenzó una tímida crítica de la historiografía del Partido en 1979, fue llamado al orden. El punto crucial llegó en 1983 con una conferencia sobre “el Partido Comunista entre 1939 y 1941”, a la que asistieron historiadores comunistas y no comunistas. Sus interpretaciones siguieron siendo diferentes, pero la ocasión fue al menos un diálogo, sugiriendo que pronto podría ser posible ir más allá de la simple y estéril cuestión de si los comunistas habían empezado o no a resistir antes de junio de 1941 (90).

En segundo lugar, la historia más compleja de la relación entre Vichy y la opinión pública que apareció en la década de 1980 reabrió el problema de la relación entre la Resistencia y la población francesa. Henri Michel había escrito una vez: “la Resistencia siempre comprendió una minoría...y la mayoría de attentistes...no podía perdonarla por haber tenido la razón y por haberlos salvado” (91). Pero la nueva investigación de la opinión pública, considerando el attentisme en términos más complejos, abrió el camino para interpretaciones menos maniqueas de la relación entre la población y la Resistencia. Esta revaluación era más fácil de llevar a cabo si no se había estado involucrado personalmente en el periodo, y ello proporcionó una tercera razón para el renovado interés en la Resistencia a finales de la década de 1980: la perspectiva de que la generación de la Resistencia estaba llegando al final de su vida.

Como muchos resistentes habían sido extremadamente jóvenes, la historiografía de la Resistencia estuvo dominada, hasta la década de 1980, por escritores marcados personalmente por la experiencia. El decano de los historiadores de la Resistencia, Henri Michel, había comenzado a desarrollar una aproximación de casi propiedad sobre el tema, y no fue siempre bien recibido por los jóvenes académicos que deseaban trabajar sobre ello. En general los historiadores jóvenes sintieron sobre sus hombros la presencia de cohibición de la vigilante generación de la Resistencia (92). Los ataques constantes de muchos antiguos resistentes aparecieron en el coloquio donde Cordier primero presentó su investigación. Recibió una hostil recepción de muchos históricos resistentes, y las riñas de la guerra entre Londres y París comenzaron nuevamente en 1983. Cuando uno de los resistentes presentes dijo que la conferencia de Cordier le había hecho sentir como si los resistentes estuvieran siendo juzgados por los administradores, se expresaba exactamente como Henri Frenay quejándose en 1942 sobre la burocratización de la Resistencia por Moulin (93). En un coloquio sobre la Resistencia celebrado en Toulouse en 1986 dos antiguos resistentes casi llegan a las manos acerca de lo que había sucedido realmente en Toulouse en 1944. […] Sus observaciones fueron tratadas con indignación y permitieron a los antiguos rivales de 1944 cerrar filas al repetir manidas piedades sobre el noble papel de la mujer en la Resistencia (94).

Pero esto está cambiando. Tres movimientos de la Resistencia han tenido recientemente importantes tesis dedicadas a ellos (95). Estos estudios son ejemplares en su intento de combinar un análisis social con uno político: están matizados, basados en archivos y sofisticados en su uso del material oral. Pero el hecho más significativo es que los autores son parte de la primera generación genuina de historiadores de la Resistencia pos-Resistencia. La historia de la Resistencia, a diferencia de Vichy, está comenzando (de nuevo). Ya no es el “tabú” observado por Esprit en 1992. ¿Qué nuevas aproximaciones están apareciendo en la historia de la Resistencia? En primer lugar, hay un gran énfasis sobre la diversidad de la resistencia y sobre la experiencia de grupos no-dominantes como inmigrantes y mujeres (96). En segundo lugar, hay un intento de conceptuar la historia de la resistencia a la luz de los conocimientos de otras disciplinas como la antropología, y de ofrecer una dimensión más comparativa (97). En tercer lugar, se está dirigiendo más la atención hacia la interacción entre la “Resistencia” estrechamente definida y el contexto social que fue la condición de su supervivencia, entre “Resistencia como organización” y “Resistencia como movimiento” en palabras de François Marcot. Entre 1993 y 1997, se organizaron grandes coloquios en seis diferentes universidades francesas (98). El tema central en cada ocasión fue el estudio de la Resistencia en su entorno social. Este es también un tema importante de la monumental tesis de Jean-Marie Guillon sobre la Resistencia en Var, del trabajo de François Marcot sobre el Jura, y del libro más reciente de Roderick Kedward que continúa donde acabó el primero y estudia el Maquis meridional desde 1943 (99). En resumen, nos estamos moviendo hacia una historia social de la Resistencia (100).

El futuro de la historia de la Resistencia necesita abarcar su plena diversidad -gaullistas y no-gaullistas, comunistas y no-comunistas, norte y sur, hombres y mujeres, franceses e inmigrantes-, pero también volver a conectar la historia de la Resistencia con la sociedad que la rodeó, con el pasado francés, y con el régimen de Vichy. Como han mostrado nuestras citas de apertura, la historia de Francia en este periodo no puede ser comprendida en compartimentos independientes como “el régimen de Vichy”, “la Resistencia”, o la “colaboración”: todos existieron en relación dinámica entre sí, y la historia de Francia en este periodo debe ser concebida en su conjunto. Hay corrientes, pero completan una historia.

(81) F. Bédarida, "L'Histoire de la Résistance: Lectures d'hier, chantiers de demain", VSRH 11 (1986), 75-89; H. Rousso, "La Résistance entre la légende et l'oubli", L'Histoire, 41 (1982), 99-111; J.-P. Azéma y F. Bédarida, "L'Historisation de la Résistance", Esprit, 198 (1994), 19-35; P. Laborie, "Historiens sous haute surveillance", Esprit, 198 (1994), 36-50.
(82) Frenay, La Nuit finira (1973); Bourdet, L'Aventure incertaine: De la Résistance à la restauration (1975).
(83) H. Noguères (con M. Degliame-Fouché), Histoire de la Résistance en France de 1940 à 1945, 5 vols. (1967-81).
(84) J.-M. Guillon, "La Résistance, 50 ans et 2000 titres après", en id. y M. P. Laborie, Mémoire et Histoire: La Résistance (Toulouse, 1995), 27-43.
(85) R. Bédarida, Les Armes de l'esprit: Témoignage chrétien 1941-1944 (1977); J. Sweets, The Politics of Resistance in France: 1940-1944: A History of the Mouvements Unis de la Résistance (De Kalb, 1976); D. Veillon, Le Franc-Tireur, un journal clandestin un mouvement de résistance, 1940-1944 (1977).
(86) E. Conan y D. Lindenberg, "Que faire de Vichy", Esprit, 181 (1992), 5-15: 13.
(87) Resistance in Vichy France (Oxford, 1978).
(88) Cordier, "De l'acteur à l'historien: Un itinéraire et une méthode", Bulletin de l'IHTP, 35 (1989), 23-36.
(89) Originalmente Cordier proyectó siete volúmenes. Tres de ellos aparecieron entre 1989 y 1993 bajo el título general de Jean Moulin: L'Inconnu du Panthéon. En 1999 escribió un único libro, Jean Moulin: La République des Catacombes, con una editorial diferente, que resumió los contenidos de los tres primeros volúmenes, y luego cubrió el resto del terreno que había sido proyectado originalmente para los cuatro volúmenes posteriores. Se supone que el proyecto está ahora completo.
(90) J.-P. Azéma, A. Prost, J.-P. Rioux (eds.), Le Parti communiste française des années sombres 1938-1941 (1986); eid., Les Communistes français de Munich à Chateaubriant (1938-1941) (1987).
(91) Michel y Mirkine-Guetzévitch, Les Idées, 37.
(92) Laborie, "Historiens sous haute surveillance", 41-2.
(93) Véase el debate de la conferencia en la que Cordier primero presentó su interpretación de Moulin, D. Cordier et al., Jean Moulin et le Coinsel national de la Résistance (1983), 35-58.
(94) R. Trempé (ed.), La Libération dans le midi de la France (Toulouse, 1986), 175-82.
(95) O. Wieviorka, Une certaine idée de la résistance: Défense de la France 1940-1949 (1995); L. Douzou, La Désobéissance: Histoire d'un mouvement et d'un journal clandestin: Libération-Sud (1940-1944) (1995); A. Aglan, La Résistance sacrifiée: Le Mouvement Libération-Nord (1999).
(96) S. Courtois, D. Peschanski, A. Rayski, Le Sang de l'étranger: Les Immigrés de la MOI dans la Résistance (1989); M. Weitz, Sisters in the Resistance: How Women fought to free France 1940-1945 (1995); P. Schwartz, "Women, Resistance and Communism in France 1939-1945" (tesis doctoral inédita, New York, 1998).
(97) H. R. Kedward, "Resisting French Resistance", Transactions of the Royal Historical Society (1999), 271-82: 273-4.
(98) Guillon y Laborie, Mémoire et histoire; J. Sanclivier y C. Bougeard, La Résistance et les Français: Enjeux stratégiques et environnement social (Rennes, 1995); R. Frank y J. Gotovitch, La Résistance et les Européens du Nord, 2 vols. (1994-6); F. Marcot (ed.), La Résistance et les Français: Lutte armée et maquis (1996); L. Douzou et al., La Résistance et les Français: Villes, centres et logiques de décision (1995); J.-M. Guillon y R. Mencherini, La Résistance et les Européens du sud (1999).
(99) Guillon, "La Résistance dans le Var: Essai d'histoire politique" (Doctoral d'État, Aix, 1989); Marcot, "Résistance et population 1940-1944" (Mémoire pour l'habilitation des recherches, Université Franche-Comté, 1990); Kedward, In Search of the Maquis: Rural Resistance in Southern France (Oxford, 1993).
(100) Véanse los artículos reunidos en "Pour une histoire de la Résistance", MS 180 (1997).

FIN
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por Rapido Guderian » Jue May 15, 2014 2:35 pm

EX-CE-LEN-TE!!!

Como siempre brillante, estimado José Luis.

Le pido permiso señor para usar esta información en otro Foro.
Por supuesto que informaré debida y detalladamente la Fuente, su prestigioso nombre y este foro.

Desde ya Muchas Gracias

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José Luis
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Re: Los Historiadores y la Francia Ocupada

Mensaje por José Luis » Jue May 15, 2014 3:07 pm

¡Hola a todos!

La información es sólo un ensayo historiográfico de Jackson, y mi mérito, si tal hay, sólo consiste en traducirlo y darlo a conocer aquí a quien pudiera interesar. Pero este ensayo es sólo una pequeña muestra de la verdadera información que se encuentra en el libro citado de Jackson, donde los matices adquieren su relevancia. El término "colaboracionismo" y sus significados deben estar sujetos al matiz y otras particularidades en el caso de la Francia de Vichy.

La información que hay en este foro es pública y cualquier lector puede hacer uso de ella, para eso se concibió el foro, entre otras cosas. La cita de fuentes es una norma común entre los historiadores profesionales y aficionados serios. Esto en cuenta, no tengo absolutamente ningún inconveniente en que la utilice a su gusto.

Saludos cordiales
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