La navidad en el ejército alemán

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La navidad en el ejército alemán

Notapor Francis Currey » Lun Ene 07, 2008 3:06 am

El siguiente post es una traducción del artículo publicado en Feldagrau por Jason Pipes en el se habla de un aspecto tan intimo como la forma de celebrar la navidad durante la Segunda Guerra mundial.

Kriegsweihnachten: Reflexiones en Navidad durante la 2GM por Jason Pipes

La Navidad, con una tradición fuertemente arraigada, es la fiesta más importante del año en la cultura occidental. Aunque la Navidad se celebra en todo el mundo, en ningún sitio cobra tanta importancia como en la Europa central y del norte. Gran parte de las tradiciones de la Navidad que mantenemos fueron creadas por gente de la Europa central y del norte durante los años que transcurrieron antes y después del nacimiento de Cristo, entremezclando temas paganos y cristianos en una fiesta llena de vida, alegría y felicidad. Muchos de los villancicos que cantamos, las comidas y las tradiciones que seguimos, incluida la más importante de las tradiciones navideñas, el Árbol de Navidad, fueron practicadas por vez primera en estos lugares, y más en concreto, en la región que ahora conocemos como Alemania. La Navidad era y sigue siendo un periodo importante para la mayor parte de los alemanes y así fue durante la Segunda Guerra Mundial.

Es imposible hacer un recuento del número infinito de experiencias navideñas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial, pero podemos reunir estos temas comunes que muchísima gente vivió, como por ejemplo muchos de los hombres que sirvieron en el ejército alemán durante el periodo entre 1939 y 1945. Fue durante este espacio de tiempo cuando la Navidad se tornó al mismo tiempo alegre y terrible.

Las primeras navidades alemanas de la Segunda Guerra Mundial se celebraron en diciembre de 1939 cuando el frente permanecía tranquilo; los aliados occidentales y Alemania estaban en mitad de la llamada “guerra falsa” entre el periodo que transcurrió tras la Invasión de Polonia en septiembre de 1939 y la Invasión de Noruega más tarde, en abril de 1940. En búnkeres y trincheras, fortines y depósitos, casas privadas y bases de unidades, a lo largo de toda la frontera, cruzando Alemania y en la ocupada Polonia, aquellos soldados alemanes con el infortunio de no poder estar con sus familias y seres queridos, pasaron el tiempo junto a sus camaradas e intercambiaron regalos sencillos de frutas y bebidas, rieron y jugaron y cantaron villancicos tradicionales tales como "O Tannenbaum"

O TANNENBAUM

O Tannenbaum, o Tannenbaum,
Wie treu sind deine Blätter.
Du grünst nicht nur zur Sommerzeit,
Nein, auch im Winter, wenn es schneit.
O Tannenbaum, o Tannenbaum,
Wie grün sind deine Blätter.

O Tannenbaum, o Tannenbaum,
du kannst mir sehr gefallen.
Wie oft hat nicht zur Weihnachtszeit
Ein Baum von dir mich hoch erfreut.
O Tannenbaum, o Tannenbaum,
du kannst mir sehr gefallen.

OH ÁRBOL DE NAVIDAD

Oh Árbol de Navidad, Oh Árbol de Navidad,
Tus ramas verdes nos deleitan.
Son verdes cuando los días de verano brillan:
Son verdes cuando la nieve de invierno es blanca.
Oh Árbol de Navidad, Oh Árbol de Navidad,
Tus ramas verdes nos deleitan.

Oh Árbol de Navidad, Oh Árbol de Navidad,
¡Nos das tanto placer!
¡Cuántas veces en la corriente de la Navidad,
la visión de los verdes abetos nos produce placer!
Oh Árbol de Navidad, Oh Árbol de Navidad,
¡Nos das tanto placer!

Las Navidades de 1940 también fueron un periodo relativamente tranquilo. Los aliados occidentales, excepto Inglaterra, habían sido ocupados por tropas alemanas y el Frente del Este aún no había aparecido (lo haría en junio de 1941 con la Invasión de la Unión Soviética). La Batalla de Gran Bretaña también había acabado, dejando a la presuntuosa Luftwaffe manchada de sangre y aunque no fue derrotada, se mostró incapaz de conseguir la superioridad aérea sobre las Islas Británicas. Una vez más, las tropas pasaron las Navidades en búnkeres y ciudades extranjeras, en un frente que se extendía desde la punta ártica situada más al norte de Noruega hasta la punta situada más al sur de Francia en el Mediterráneo.

Fuente: http://www.feldgrau.com/articles.php?ID=65
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Notapor Francis Currey » Lun Ene 07, 2008 2:15 pm

El invierno de 1941 fue uno de los más duros e implacables en la historia hasta ahora conocida. El Wehrmacht había cruzado la frontera soviética en junio de 1941 y había planeado acabar con la campaña antes del final del otoño. No obstante, el destino no estaba del lado de los alemanes y la lucha continuaría durante cuatro de los años más brutales y duros de combate de toda la historia de la humanidad. La comodidad y nostalgia de las alegres celebraciones navideñas en posiciones de un frente tranquilo eran cosa del pasado, especialmente para los que estaban estacionados en el frente del este, que dejaba poco que celebrar mientras la guerra les oprimía. Ante tal desesperación, seguían celebrando la Navidad, tal como expresa el siguiente capellán de división en su diario en 1941:

“He dormido bien en una sucia habitación. A mi lado hay peladuras de patata y otros desperdicios. Visitamos a los hombres en sus dependencias, las compañías 9 y 11. Están fatal, desgreñados, llenos de picaduras de chinche, cuerpos enteros ensangrentados, escuálidos y sucios. El bombardeo de mortero ruso se acerca. Un hombre salta por los aires en frente de la iglesia. Una vez esto fue un agradable complejo en Yaroplets. Un gran castillo con una espléndida iglesia. Las togas de oro brocado sirven ahora de cortinas para las ventanas rotas. El enemigo dispara desde un bosque cercano. Por la noche, visito a los hombres en las pequeñas habitaciones abarrotadas del sótano, les leo historias navideñas de la Biblia y hablo con ellos. Después, canto canciones con los caballeros del batallón del Estado Mayor. El comandante tocaba el acordeón…”.
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Notapor Francis Currey » Mar Ene 08, 2008 12:50 am

Las Navidades de 1942 fueron empeorando de forma progresiva para Alemania, con la pérdida del 6.Armee en el Bolsillo de Stalingrado poco después de las fiestas. Curiosamente, a la media noche del día de Nochebuena, el cielo sobre Stalingrado se encendió con las miles de coloridas bengalas que disparaban prácticamente todas las unidades atrapadas en el bolsillo. Este impresionante acontecimiento era para celebrar las Navidades y se prolongó durante varios minutos. Con la creciente desesperación, a veces se celebraba la Navidad con esa clase de auténtica paz, comprensión y aceptación que solo aquellos que estaban en una situación límite podían sentir. Los siguientes tres extractos son de unos pocos hombres atrapados en Stalingrado durante esas fatídicas Navidades de 1942.

“Durante las últimas semanas hemos empezado a pensar en el final de todo. La insignificancia de cada día palidece ante esto y nunca hemos estado más agradecidos por el Evangelio de la Navidad que en estas horas de penuria. En lo profundo de nuestro corazón, vivimos con la idea de la Navidad, el significado de la Navidad. Es una fiesta de amor, salvación y compasión por la raza humana. No tenemos nada más aquí que el pensamiento de la Navidad. Nos ayudará durante las horas más dolorosas… A pesar de lo duro que sea, haremos lo posible para vencer al destino e intentar por todos los medios derrotar a lo infrahumano que nos ataca de forma salvaje. Nada puede debilitar nuestra fe en la victoria, porque debemos ganar si Alemania quiere vivir…”.

“No he recibido ninguna carta tuya durante algún tiempo… anhelo fervientemente las queridas palabras desde casa en Navidad, pero ahora mismo hay cosas más importantes. Somos hombres preparados para soportar cualquier cosa. Lo importante es que tú y los niños estéis bien. No os preocupéis por mí; ya no me puede pasar nada. Hoy he hecho las paces con Dios… Te envío todo mi amor y mil besos. Te quiero con toda mi alma. Besos cariñosos para los niños. Sed buenos, niños, y recordad a vuestro padre.”

-Karl Binder, Vicepresidente de la Intendencia, División de Infantería 305

“En la noche anterior al Día Sagrado, en un barracón que aún estaba intacto, once soldados celebraban con silenciosa adoración. No fue fácil encontrarles en la manada de los escépticos, los desesperados y los decepcionados. Pero aquellos a los que encontré venían felices, con el corazón abierto y contento. Era una extraña congregación la que se reunió para celebrar el nacimiento del niño Cristo. Hay muchos altares en todo el mundo pero seguro que ninguno era más pobre que el nuestro. Ayer la caja aún contenía proyectiles anti-aéreos; hoy mi mano ha extendido en ella la guerrera gris de un camarada cuyos ojos cerré el pasado viernes en esta misma habitación. Escribí a su mujer una carta de consolación. Que Dios la proteja”.

“Leí a mis hombres la parábola de Navidad según el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículos 1-17; les di un duro pan negro como el Santísimo Sacramento del altar, el verdadero cuerpo de nuestro señor Jesucristo, y supliqué al Señor que tuviera piedad de ellos y les bendijera. No dije nada sobre el quinto mandamiento (No matarás). Los hombres se sentaron en banquetas y me miraron con grandes ojos en sus caras hambrientas. Todos eran jóvenes excepto uno, con 51 años. Estoy feliz de haber podido consolar sus corazones y haberles dado valor. Cuando todo terminó, estrechamos nuestras manos, apuntamos nuestras direcciones y prometimos buscar a los familiares y contarles nuestra celebración de Nochebuena de 1942, en caso de que alguno no pudiera volver a casa”.

-Karl Binder, Vicepresidente de la Intendencia, División de Infantería 305

“En la noche anterior al Día Sagrado, en un barracón que aún estaba intacto, once soldados celebraban con silenciosa adoración. No fue fácil encontrarles en la manada de los escépticos, los desesperados y los decepcionados. Pero aquellos a los que encontré venían felices, con el corazón abierto y contento. Era una extraña congregación la que se reunió para celebrar el nacimiento del niño Cristo. Hay muchos altares en todo el mundo pero seguro que ninguno era más pobre que el nuestro. Ayer la caja aún contenía proyectiles anti-aéreos; hoy mi mano ha extendido en ella la guerrera gris de un camarada cuyos ojos cerré el pasado viernes en esta misma habitación. Escribí a su mujer una carta de consolación. Que Dios la proteja”.

“Leí a mis hombres la parábola de Navidad según el Evangelio de San Lucas, capítulo 2, versículos 1-17; les di un duro pan negro como el Santísimo Sacramento del altar, el verdadero cuerpo de nuestro señor Jesucristo, y supliqué al Señor que tuviera piedad de ellos y les bendijera. No dije nada sobre el quinto mandamiento (No matarás). Los hombres se sentaron en banquetas y me miraron con grandes ojos en sus caras hambrientas. Todos eran jóvenes excepto uno, con 51 años. Estoy feliz de haber podido consolar sus corazones y haberles dado valor. Cuando todo terminó, estrechamos nuestras manos, apuntamos nuestras direcciones y prometimos buscar a los familiares y contarles nuestra celebración de Nochebuena de 1942, en caso de que alguno no pudiera volver a casa”.

-Un desconocido capellán alemán católico

"Justo ahora el sargento mayor acaba de decirme que no puedo volver a casa por Navidad. Le dije que debía mantener su promesa y me envió junto al capitán. El capitán me dijo que había otros que querían un permiso por Navidad y que ellos también se lo habían prometido a sus familiares sin poder cumplir sus promesas. De forma que no fue su culpa el que no pudiéramos ir. Debíamos estar contentos de que aún permaneciéramos con vida, dijo el capitán, y el largo viaje no hubiera sido bueno en el frío invierno de todos modos”.

"Querida María, no debes enfadarte porque no me concedan el permiso. A menudo pienso en nuestra casa y en nuestra pequeña Luise. Me pregunto si ya sabe reír. ¿Has colocado un bonito árbol de Navidad? Se supone que nosotros tendremos uno, si no nos trasladamos a otro cuartel. Pero no quiero escribir cosas de aquí, si no sé que llorarás… A veces temo que no nos volvamos a ver nunca más. Heiner de Krefeld me dijo que un hombre no debe escribir esto; solo asusta a sus familiares. Pero, ¿y si es cierto?

"María, querida María, he estado un buen rato dando rodeos. El sargento mayor dijo que esta sería la última carta porque no saldrán más aviones. No puedo mentir. Y ahora lo más probable es que nunca me den el permiso. Si pudiera verte una vez más; ¡qué terrible es esto! Cuando enciendas las velas, piensa en tu marido que está en Stalingrado.”
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Notapor Francis Currey » Mié Ene 09, 2008 12:03 am

Un soldado alemán desconocido

Las Navidades de 1943 fueron tan duras y brutales como las anteriores, pero también aportaron razones para la esperanza, aunque solo fuera por poco tiempo. El siguiente extracto trata de las vivencias de las tropas valón belgas voluntarias en el frente del este.

“En las Navidades de 1943, cada tienda tenía instalado un árbol de Navidad, blanqueado con algodón tomado de los médicos”.

“En el frente, la Navidad siempre había sido triste. Los hombres bebían, cantaban y bromeaban. Durante una hora todo estaba bien. Después cada uno recordaba las Navidades en casa: las mejillas sonrosadas, los niños encandilados, la tierna esposa y las dulces canciones. Los ojos miraban hacia el infinito con una mirada perdida, viendo pueblos y cuartos llenos de alegría en otro tiempo. Un soldado se marchaba y después le encontrábamos llorando solo bajo la luna”.

“Esa noche hubo 15 suicidios en la división, los corazones se rompían por la tensión de tantos meses de separación y sufrimiento”.

“Yo quería visitar todos los búnkeres de nuestros voluntarios. Entre la nieve y la oscuridad, recorrí 10 km, entrando en cada refugio humeante. Algunos pelotones, especialmente los jóvenes, ponían buena cara a las cosas y armaban jolgorio, pero encontré muchas más caras serias que sonrientes. Un soldado que ya no pudo contenerse más se había tirado en el suelo y yacía sollozando contra la tierra llamando a sus padres”.

“A la medianoche, en el momento en que aquellos que todavía negaban lo evidente habían comenzado a entonar el 'O Holy Night',
el cielo estalló en llamas: no eran los ángeles anunciadores, ni las trompetas de Belén. ¡Era un ataque! Los rojos, pensando que en este momento nuestros hombres estarían sentados a la mesa, habían abierto fuego con toda su artillería y se estaban adelantando al combate”.

“De hecho, esto fue un alivio. Nos levantamos de un salto. Y en la nieve iluminada por las bombas, por balas trazadoras, por el destello del fuego de cañones, por las bengalas rojas, verdes y blancas de los que hacían señales, pasamos nuestra Nochebuena impidiendo que el enfurecido enemigo cruzara el río Olshanka."

“Al amanecer, el fuego cesó. Nuestro capellán dio la Comunión a las tropas, que dejaron sus posiciones, pelotón por pelotón, hacia la capilla ortodoxa donde nuestro sacerdote valón vestido de Feldgrau se unió en un verdadero estilo cristiano al anciano sacerdote ruso del pueblo con su mitra morada”.

“Allí se aliviaron los corazones tristes y resentidos. Sus padres, esposas y sus queridos hijos habían escuchado la misma Misa en sus casas y habían recibido la misma Eucaristía. Los soldados regresaron con almas sencillas y puras como la enorme estepa blanca que brillaba en la tarde de Navidad”.
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Notapor Francis Currey » Mié Ene 09, 2008 12:05 am

Las últimas Navidades de la 2GM en Europa, las de 1944, no dieron nada que celebrar a los alemanes. Los frentes del este y del oeste se desmoronaban, millones de hombres y mujeres alemanes habían muerto, cientos de miles de alemanes se habían quedado sin casa y sin sus seres queridos, la campaña aérea contra su patria había dejado muchas ciudades devastadas e inutilizadas, por no decir nada de las desafortunadas tropas alemanas que esperaban el siguiente ataque soviético en el frente del este, o aquellas tropas enviadas a la región de las Ardenas en la desesperada “Batalla del Bulge” que vio a las tropas americanas y alemanas luchar de forma cruenta sin descanso en el día de Navidad. Con la guerra virtualmente perdida, las Navidades vinieron y se fueron, dejando atrás 6 largos años de amarga guerra y conquista.

Fin.
Última edición por Francis Currey el Jue Ene 10, 2008 8:43 pm, editado 1 vez en total
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Notapor Akeno » Jue Ene 10, 2008 8:24 pm

Creo que esto es un buen complemento al excelente hilo de Francis.

http://s86.photobucket.com/albums/k94/Akenosan/Navidad/

Saludos cordiales
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Notapor Francis Currey » Jue Ene 10, 2008 8:44 pm

Muchas gracias por la sensacional aportación amigo Akeno.

Un saludo
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Notapor Jorge Romo Perez » Vie Ene 11, 2008 6:31 pm

Con el permiso de Francis, me permito incluir un extracto del testimonio de dos festejos del día de navidad vividas por Heinz Knoke, Tomadas de su libro, “Yo volé para el Fhurer” (Ed. Diana 1974), el primero de ellos corresponde a su estancia como recluta aspirante a cadete de aviación en el aeródromo de Schoenwalde, en 1939, y el segundo ya como piloto de caza, y comandante de vuelo, en un aeródromo ubicado en Holanda., 1942, éste último me parece particularmente descriptivo y humano en su contenido:
Las notas en cursiva son aclaraciones propias:

Diciembre 24 de 1939

¡Víspera de Navidad!
La guerra debió haber terminado hace tiempo
Es la primera navidad que paso lejos de mi hogar. Allà debe de estar el suelo cubierto de nieve; Aquí ha llovido durante varios días consecutivos. Estamos a la mitad del entrenamiento militar básico, que es realmente duro. Día tras día la misma rutina agotadora; desfiles, ejercicios, maniobras, practicas, etc.….
Una vez mas queda demostrado que no soy ningún prodigio….
Me siento horriblemente cansado. Mañana en la noche me toca estar de guardia, pero al siguiente día me permiten quedarme una hora mas en la cama. Esa hora extra será el mejor regalo de navidad que tendré este año.

Diciembre 24 de 1942:

Nochebuena.

Ninguna actividad en ambos lados del frente, amigos y enemigos, igualmente observan una tregua táctica.

Lilo -(esposa de Knoke)- y yo, nos encontramos juntos otra vez y es la primera vez que somos tres los que estamos bajo las luces brillantes del árbol de navidad; tengo a Ingrid – (Su hija, recién nacida)- en brazos, sus pequeñas manitas tratan de asir la luz del árbol.
Hay un extraño y apacible silencio en todo derredor. ……. un ambiente de júbilo y felicidad invade todo el cuarto.

Calladamente Dieter Gerhard se une a nosotros; Besa la mano de Lilo y nos desea felices pascuas a todos. Mas tarde, el y yo visitamos los alojamientos de los miembros de la escuadrilla. Vamos de uno a otro cuarto; los soldados han decorado todo con ramas de abeto o árboles de navidad. Se hallan acostados en las camas, leen, fuman, piensan, escriben, mientras otros sentados en la mesa, juegan a las cartas.

-¡Felices Pascuas a todos!
-Gracias señor, lo mismo le deseamos a Usted¡¡

A paso lento Dieter y yo regresamos después a mi alojamiento. El suelo esta cubierto de nieve, cosa rara en el sitio donde nos encontramos que queda tan cerca del mar. Hasta nosotros llega con toda claridad la música del acordeón que tocan en la cuadra donde se aposenta la compañía de cuartel:

“Stille Nacht, heilige Nacht…. Noche de paz, noche de amor…”

Es el más bello de los villancicos alemanes de navidad. Hasta los ingleses, los franceses y los americanos lo cantan esta noche. ¿Saben acaso que es una canción alemana? ¿Comprenden bien su verdadero significado? ¿Por qué nos odian a los alemanes la gente de todo el mundo, y a pesar de ello cantan nuestras canciones, tocan la música de compositores alemanes como Beethoven, o Bach, y recitan los poemas de los grandes poetas alemanes? ¿Por qué?

Hasta las altas horas de la noche, Lilo, Dieter y yo permanecemos sentados en mi salita acogedora, arrellanados en cómodos y mullidos sillones junto a un fragante tazón de ponche caliente. Con animo de hacer reminiscencias, Gerhard y yo recordamos los eventos acaecidos en el año que se acerca a su fin; las veces que nos sentamos en derredor de la misma mesa con el capitán Dolenga y el teniente Steiger. Gerd Steiger, Aquel muchacho alto, rubio y callado a quien un mosquito derribó en el lado sur del aeródromo, frente a nosotros… Encontramos su cadáver debajo del paracaídas, medio abierto…

Lilo nos escucha en silencio, sonríe, y pasa la mano por los largos cabellos de Dieter, que no se siente muy seguro al ponerse de pie, cuando se levanta para irse. Parece que nuestro ponche le ha hecho bastante efecto, y lo acompaño hasta su cuarto.

Cuando regreso, Lilo está pensativa, Apoyada en la puerta de la alcoba, Contempla a Ingrid que duerme en su cunita, a media luz. La chiquilla descansa tranquila y apaciblemente.

Ahora por fin, estamos solos….

Saludos!!! :P
"Cuando regreses a casa, dile a tus hijos, que a cambio de su futuro, ofrendamos nuestro presente".
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Notapor Jorge Romo Perez » Vie Ene 11, 2008 7:04 pm

El diario de Knoke termina precisamente el dìa 23 de Diciembre de 1944.
Para èse entonces, ya era un as reconocido, (e invàlido) por sus mùltiples lesiones sufridas. los ùltimos pàrrafos de su diario terminan de la siguiente forma:

23 de Diciembre de 1944

......

- Caminas tan despacio, no tenìa idea que estuvieras tan mal -

Hace calor en la estancia, que es comoda, Me siento muy cansado, agobiado por todo el esfuerzo y la incomodidad del viaje; por todo lo que he visto, oìdo, y experimentado, fastidiado de la guerra. Sin embargo, me siento Feliz. Contento de haber llegado por fin a mi casa, Encantado de que Lilo y yo volvamos a estar juntos, una vez mas.

Mañana serà nochebuena, y la pequeña Ingrid se levantarà y correrà de un lado a otro, con sus rizos de oro, me acosarà con infindad de preguntas: ¿Que si voy a quedarme en casa? ¿Porquè caminò asì tan despacio? ¿Porquè tardè tanto, lejos de ellos? ¿Porquè hay guerra? ¿ Por què..Por què.. Por què...?

Saludos Nuevamente!! :P
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Notapor Francis Currey » Sab Ene 19, 2008 11:18 am

Villancicos desde Stalingrado

Fue en la navidad de 1942. El mando superior del Ejercito Rojo ordenó la presencia de los músicos más importantes de la Unión Soviética. Debían realizar un concierto al aire libre ante las exhaustas tropas. Boris Goldstein, violinista virtuoso y joven prodigio, se paró delante de miles de combatientes y empezó a tocar piezas populares del repertorio nacional ruso. Como la melodía se perdía entre el estruendo de las armas alemanas que bombardeaban otra parte de la ciudad, se trajeron altavoces que fueron colocados alrededor de los combatientes en descanso. Goldstein pudo continuar con su concierto solista. Sin embargo, el milagro estaba por venir. El joven Boris, contraviniendo las órdenes de los generales soviéticos que le habían prohibido tocar melodías extranjeras, empezó a tocar las Partitas para violín de Bach ante su inusual audiencia. Como la música se oía por gran parte de Stalingrado, de un momento a otro, los cañones y las metrallas alemanas dejaron de sonar. El comando nazi, por medio de altavoces, solicitó un alto al fuego para oir el concierto de Boris Goldstein. El mando rojo aceptó la petición. Incluso los técnicos alemanes acoplaron sus altavoces para que la música fuera oída con mayor nitidez en el lado alemán. Durante una hora y media la guerra cesó. Por una hora y media, el infierno de la peor batalla de la historia, se colocó bajo la sombra del paraíso.


Tras el concierto, ambos bandos abandonaron por unas horas la batalla. El joven Goldstein había sido instrumento del milagro. ¿Cuántos soldados habrán recibido su Extrema Unción con las Partitas de Bach? ¿Cuántos llegaron a ver alguna ventana del cielo por unos instantes? ¿Por qué Bach?

Fuente: http://serialismo.blogspot.com/2007_06_01_archive.html
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La navidad en el ejército alemán

Notapor cosaco » Jue Abr 16, 2009 11:36 pm

A veces las imágenes valen mas que mil palabras, acá les dejo algunas.

http://www.ww2f.com/wwii-general/28172- ... tures.html

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Atte.
S.H.
Cosaco
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"Honeste vivere, alterum non laedre, suum cuique tribuere"
(vivir honestamente, no dañar a otros, dar a cada cual lo suyo)
Ulpiano 170-228 DC

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