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LA GUERRA DE LOS IVANES EL EJERCITO ROJO 1939-1945

Preguntas, dudas, comentarios sobre bibliografía

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Palencia
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LA GUERRA DE LOS IVANES EL EJERCITO ROJO 1939-1945

Mensaje por Palencia » Mié Feb 14, 2007 11:26 am

Buenos dias, alguien podría decirme algo (bueno o malo) sobre este título recien publicado

Título
LA GUERRA DE LOS IVANES EL EJERCITO ROJO 1939-1945
Autor
CATHERINE MERRIDALE
Editorial
DEBATE
Colección
DEBATE-HISTORIAS
ISBN
84-8306-679-3
Páginas
576
Precio
24,00 €


El titulo en inglés es Ivan's War: Life and Death in the Red Army, 1939-1945.
Saludos

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José Luis
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Mensaje por José Luis » Mié Feb 14, 2007 1:31 pm

Estimado Palencia,

Salvo raras circunstancias (alguna fiebre pasajera, afortunadamente, de “ansia consumidora por comprar libros”), siempre someto a un buen examen los libros que me llaman la atención, y si la conclusión es buena, los compro. Naturalmente, a este examen escapan aquellos autores que ya conozco de antiguo.

El libro de Merridale superó con creces este examen, aunque todavía lo tengo pendiente de leer (junto con un buen montón de otros libros), consecuencia de la falta de tiempo material y del cansancio que produce una lectura continuada (y generalmente monotemática). Dado mi desdén por las publicaciones en español, desconocía que se hubiera traducido a nuestra lengua. Bien, lo primero que examino de un libro es el objetivo de su autor, es decir, sobre qué ha escrito y cómo lo ha escrito, cuestión que normalmente viene señalada por el propio autor en el capítulo introductorio; si el tema me interesa, paso a continuación a examinar las fuentes utilizadas por su autor, y si la historia trata de la Unión Soviética, como es el caso, más. A continuación ojeo alguno de sus capítulos para entrever, más o menos, su método de trabajo, y finalmente me decido.

Bien, sin olvidar que lo que sigue es mi impresión de un libro que no he leído, sino ojeado, el título del libro define bastante bien cuál es su contenido. No se trata de una historia combativa del Ejército Rojo, aunque se toquen superficialmente guerras, campañas o batallas, sino de una historia de sus integrantes, es decir, de una historia social del Ejército Rojo a través de testimonios, documentos oficiales, cartas de soldados, familiares, cine, literatura, etc. Merridale trabajó su libro en fuentes mayormente basadas en cartas y diarios de soldados, “informes de oficiales políticos y agentes de la policía secreta, informes destinados para uso como base para agitación política, informes de inteligencia militar, y la evidencia de interrogatorios de prisioneros de guerra.” (1) Merridale también ha utilizado fuentes gubernamentales soviéticas, incluyendo documentos de los juicios de antiguos soldados acusados de participar en movimientos antigubernamentales al acabar la guerra. También ha examinado documentación civil sobre el impacto del ER en las regiones ocupadas o liberadas, y el estado y moral de los miembros civiles de las familias de los soldados, algunos prácticamente inéditos en los últimos 60 años. Y no se ha olvidado de bucear en las publicaciones rusas sobre la guerra en estos últimos diez años. En realidad, su labor de investigación ha sido hercúlea: más de 200 entrevistas, conducidas por ella misma o con la ayuda de un asistente ruso, en las casas de los veteranos de Moscú, provincias rusas, Ucrania o Georgia.

Su listado de archivos es esclarecedor al respecto. Por ejemplo:

Sobre Moscú:
GARF (Gosudarstvennyi arkhiv Rossiiskoi Federatsii: Archivo Estatal de la Federación Rusa)
RGAKFFD (Archivo de Cine Estatal Ruso….)
RGALI (Archivo de Literatura y Arte Estatal Ruso)
TsAMO (Archivo Central del Ministerio de Defensa)
Etc.

Kursk:
GAKO (Archivo Estatal del Distrito de Kursk)
GAOPIKO (Archivo Estatal de la Historia Político-Social del Distrito de Kursk)

Smolensk:
GASO (Archivo Estatal del Distrito de Smolensk)

Freiburg:
Bundesarchiv-Militärchiv

Aparte, la bibliografía colateral (la que no trata específicamente de su trabajo, la historia social) que utiliza es muy buena (por ejemplo, para las bajas soviéticas, Krivosheev; para hechos generales de la guerra, Bartov, Erickson, Garrard, Conquest, Overy, Tumarkin, Detwiler, Zaloga, etc.).

Recapitulando, a mi me gusta este tipo de historia y, en consecuencia, tengo el libro pendiente de leer.

(1) Catherine Merridale, Ivan’s War: Life and Death in the Red Army, 1939-1945 (Metropolitan Books, 2006), p. 393

Saludos cordiales
José Luis
"Dioses, no me juzguéis como un dios
sino como un hombre
a quien ha destrozado el mar" (Plegaria fenicia)

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Mensaje por Palencia » Mié Feb 14, 2007 2:00 pm

Gracias por tu opinion/recomendación Jose Luis, debido a lo limitado de mi inglés, para mi siempre es una buena noticia que traduzcan libros como este al castellano.
Por cierto, el enfoque que citas sobre el impacto del ejercito rojo en la población civil de las zonas liberadas promete mucho (por la novedad de dicho enfoque).
Un saludo

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David L
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Mensaje por David L » Sab Ago 18, 2007 10:34 pm

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Shot at 2007-08-18


Me ha llamado la atención que no haya más opiniones en el foro sobre este magnífico libro de Catherine Merridale sobre el soldado soviético. He tenido la oportunidad de leerlo estos días y puedo asegurar que es un libro excelente. Creo que la inversión de 22 euros que me costó el mismo ha sido superada por la satisfación que me ha producido su lectura. Merridale nos muestra la cara oculta, o no tan oculta, de ese soldado tan maltratado por sus propios jerarcas militares y, a la vez, tan castigado en una guerra que causó más de 8'5 millones de bajas entre sus filas. Son muchos los aspectos que la autora trata en el libro, pero me ha impactado uno de ellos: "tras cada batalla se calcula que el Ejército Rojo sufría un 25% de bajas". Increible. Las bajas soviéticas con respecto a las alemanas estaban en proporción de 3 a 1. A eso le llamo yo ganar una guerra a sangre y fuego...literalmente.

Un saludo.
Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra... elegisteis el deshonor y tendréis la guerra.

Winston Churchill a Chamberlain.

tuerka
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Mensaje por tuerka » Dom Ago 19, 2007 12:34 am

Yo tambien lo estoy leyendo, ya me queda muy poco para terminarlo y tambien lo recomiendo a todo el mundo. Es un libro estupendo y de muy amena lectura.

Hacía falta un libro de estas caracteristicas que nos mostrase un poco más cerca como era y como vivia el soldado soviético en el frente oriental.

Un saludo.

Germánico
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Mensaje por Germánico » Vie Sep 14, 2007 9:10 pm

Yo lo compré y se lo presté a un amigo. En cuanto me lo devuelva, lo leeré. A él le está encantando, por cierto.

Saludos.
Sine lumine pereo

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Grossman
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Mensaje por Grossman » Dom Jun 15, 2008 1:23 am

Hola:

Lo digo de entrada: no me cayó bien la Merridale ya desde las primeras páginas. El objetivo central del libro es desmontar el mito del héroe de la Unión Soviética “sencillo, saludable, fuerte y amable, de amplias miras y desinteresado, y no temía a la muerte” (p.23), y mostrar su lado oscuro: el miedo, la deserción, la automutilación, las violaciones y el saqueo, su humillación por el estado, etc. Para ello se vale de estudio de documentos y de entrevistas a 200 veteranos y supervivientes de la guerra en Moscú, Ucrania y Georgia.

La autora refiere, como principales dificultades del estudio, el acceso desigual a los archivos documentales, que algunos permanezcan aun cerrados, y la resistencia por parte de muchos de los veteranos entrevistados.

Merridale no es “uno de los nuestros”
No lo digo yo sino ella; lo admite explícitamente. Aunque su padre fuera veterano de guerra, no le mola lo militar: “Pese a ser una mujer singularmente poco aficionada a lo militar, he desarrollado un sorprendente gusto por las viejas canciones del Ejército Rojo” (p.16). :?

De las entrevistas y la selección documental
Refiere haber hallado resistencia desigual a dejarse entrevistar o para abordar algunos temas delicados. Lo atribuye a que muchos veteranos no quieren cuestionarse una historia que les ha dado un buen estatus. Admite también factores asociados a ella misma: por ser mujer, por académica, por inexperiencia militar, por extranjera. Hasta el punto que deciden probar con un entrevistador profesional, hombre y ruso, pero sin revelar después el resultado de dicha prueba.

En vista de una anécdota que explica al final del libro, donde una funcionaria le espeta la tardanza británica en abrir un segundo frente (p.471), se podría pensar también que, añadida a su condición de extranjera, le perjudicara en particular la de ser británica, una posibilidad que la autora omite.

Sesgos de la muestra es la desmesurada proporción de judíos entre los veteranos entrevistados (p.374), y que no figuren siberianos.

No hay una descripción general del material documental que suponen las entrevistas, la calidad de las mismas, diferencias según el lugar o etnia, criterio para seleccionar las que decide transcribir, etc. Y ahí, en esto último, radica el riesgo subjetivo: 200 y pico entrevistas, a hora por entrevista (le echo yo, tirando a corto), saldrían unas 200 horas; en el libro calculo que no están transcritos mas de 30 minutos de testimonio. ¿Cómo se decide qué dejar en el tintero? Según el interés en la línea argumental ¿Y cuando el documento no encaja con nuestra hipótesis? Entonces solo queda la honestidad del investigador o una rigurosa técnica de observación naturalista. ¿Lo ha hecho? no lo sabemos, no hay explicación de la metodología. Las mismas preguntas valen para la selección de la documentación de archivo. Por eso, no es suficiente garantía el solo hecho de haber realizado una vasta labor de entrevistas y presentar una larga lista de referencias documentales. El conocimiento es científico en la medida en que interviene menos la subjetividad del investigador.

¿Cumple Merridale en este aspecto? A continuación va mi selección, también subjetiva -no siempre bienintencionada- de los aspectos que mas me han llamado la atención referidos a la credibilidad de la obra, que puede contestar en parte la cuestión y también servir al indeciso sobre si acometer la lectura del libro.

El relativo valor del testimonio
Cuando el testimonio del antiguo combatiente es crítico hacia el Ejército Rojo, es válido; cuando es elogioso, lo considera un producto de la propaganda soviética y de querer defender los privilegios y el estatus de excombatiente.

Contexto
En cuanto al contexto del trabajo realizado, no sabemos si es un estudio original, una réplica, etc, no lo sitúa en la literatura historiográfica.

Y en lo que respecto a las valoraciones, están una y otra vez descontextualizadas. Reiteradamente explica lo mal que el estado soviético trató a sus tropas, como si el régimen zarista las hubiera mimado, o como si el régimen mostrara una gran eficiencia en otras áreas y hubiera dispuesto de todo el tiempo del mundo para movilizarse, instruirse y motorizarse. La autora se alarma por la omisión de un trato realmente psiquiátrico para los afectados de “neurosis de guerra” (se los cargaban) que tardaría décadas en ser reconocidos como “trastorno de estrés postraumático”. Parece valorar el trato recibido por el soldado soviético de la década de los 40 con criterios occidentales actuales. Para poner otro ejemplo, arremete con el clásico tema de los electrochoques y demás brutalidad psiquiátrica, donde vuelve a olvidarse de que la asistencia psiquiátrica general (con excepciones locales y elitistas) siempre ha sido mala en los países pobres y abusiva en todos hasta el período de reformas de las décadas 1960-70 (Comelles).

El desperdicio de una buena frase
La frase siguiente sugiere que el Ejército Rojo reclutaba menores: “En 1945 Estados Unidos suministraba cuchillas de afeitar a los soviéticos, pero lo cierto es que resultaba más bien difícil que una gran parte de los adolescentes que integraban la última quinta del Ejército Rojo las necesitara” (p.20). Que la edad mínima era de 17 años lo da el mismo libro mas adelante (y, además, lo deja muy clarito José Luis en viewtopic.php?t=6592&highlight=), sin que aparezca después ninguna mención a reducción de edad de alistamiento a pesar de la escasez crítica de tropas.

Sin suboficiales en el Ejército Rojo
Aunque tuvo el privilegio de que, entre otros, el propio Beevor leyera y corrigiera el manuscrito (p.15), parece que no lo hizo siempre con la suficiente atención, a tenor de la afirmación de que el Ejército Rojo no tenía suboficiales: “Se suponía que el ejército soviético era abierto y fraternal. No empleaba a los fastidiosos suboficiales tan característicos de sistemas como el británico o el estadounidense”, refiriendo a continuación que eran los oficiales los encargados de la instrucción y el entrenamiento (p.104).

Chuikov: no tan duro
Metida a desmitificar, a Merridale le pueden las ganas a la prudencia. Esto es lo que escribe sobre el general del que cuentan que aceptó defender Stalingrado o morir en el intento: “Se dice que el propio Chuikov solicitó repetidas veces que su cuartel general se trasladara a la seguridad de la otra orilla” (p.226-7). La afirmación es fuerte, así que me voy al final del libro, al apéndice con las notas para ver en qué se sustenta, y esta es la “prueba” del aserto: “La versión que yo escuché, relatada por un general retirado, se basaba supuestamente en una investigación en archivos militares secretos. En tanto que los estudiosos no puedan ver esos documentos, los rumores persistirán” ... ¡por favor!

Maltrato al subordinado
Puestos a decir pestes del Ejército Rojo, aquí tenía carnaza. A través de Grossman y otras fuentes, Beevor da ejemplos de la pervivencia de hábitos de la era zarista de superiores que golpeaban a sus subordinados. En el libro de Merridale, el tema no aparece.

La dureza de los siberianos
Un tema clásico cuando se habla del Ejército Rojo: que si eran mas duros, que si donde ponían el ojo ponían la bala, etc. ¿Mito o realidad? En el libro solo sale que se les apreciaba porque sabían disparar, “parecían mas profesionales”, y porque sabían ponerse a cubierto y cavar profundas trincheras (¿y los demás lo de ponerse a cubierto y cavar no sabían?). En cambio el estudio de Ivan siberiano hubiera tenido interés, además de lo de la dureza y puntería, para verificar la afirmación de House (p.69) de que el siberiano fue un ejército muy distinto al no haberse visto afectado por las purgas de preguerra, por lo que conservaba la estructura de mando, el entrenamiento y la experiencia de aplicación de la doctrina de la “batalla profunda” de Tukhachevsky, con un panorama que no tenía nada que ver con sus descabezados, derrotados y desmoralizados camaradas del oeste de los Urales.

Se queda corta con las violaciones
Aunque describe el horror de las violaciones cometidas por el Ejército Rojo en suelo alemán, afirma, sin apoyarse en ninguna fuente, que se respetaba a la mujer lactante: “Al menos en abril, la población local pudo darse cuenta de que una mujer con un bebé era prácticamente inmune a la violación” (p.396). No explica qué pasó después de abril. En cambio Grossman, que estuvo allí (“Un escritor en Guerra” de Beevor) aclaró, dolido, que ni estaba a salvo la madre, ni importaba el bebé: “Una historia sobre una madre lactante violada en un granero. Sus parientes llegaron y pidieron a sus atacantes que la dejaran al menos durante un rato, porque el niño hambriento lloraba sin parar” (p.400). También aqui Beevor, si leyó el manuscrito como afirma Merridale, podía haberle echado una mano: o se le pasó por alto, o Beevor no se enrolla con los colegas.

En otro hilo del foro hemos tenido algo de debate sobre tratamiento que Merridale da al tema (a partir de la página 6): viewtopic.php?t=2735&start=75

Manos desnudas contra panzer
Sin citar fuente documental alguna afirma (p. 147): “los soldados no contaban más que con sus propias manos. Durante horas se lanzaban al ataque oleada tras oleada, siempre en medio del estruendo del fuego alemán, los gritos y el crujido del acero al chocar contra los huesos”. Queda poético pero ni el mas fino de los oídos podrá distinguir el crujir del hueso con todos los decibelios de un carro en movimiento. Aquí en el foro se llevaría algun estirón de oreja por no citar de donde lo sacó.

¿Prisionero alemán bailando con mujer casada rusa?
Lo tuve que leer varias veces pero creedme, lo pone. A pesar de que el NKVD “vigilaba cada uno de sus movimientos”, el testimonio de Valentina no coincide nada con el negro, negro destino que uno se imaginaba para los Fritz capturados. Al menos no lo era tanto para los que trabajaban cerca de la fábrica de municiones donde lo hacía ella:
  • “Los prisioneros alemanes eran muy simpáticos ... ¡Iban siempre tan limpios! Incluso barrían las estanterías donde guardaban las patatas”. Le pregunté si alguna vez había hablado con alguno de ellos. “¿Hablar? –me repuso- ¡Bailábamos con ellos! Eran los únicos hombres en varios kilómetros, y además bailaban muy bien”
Sigo estupefacto. Ahí la Merridale debía haber aportado algo mas de investigación ... ¡figura que el NKVD estaba ahí, y sus maridos y hermanos en el frente o bajo tierra, que no fue una guerra caballeresca que digamos, y todos pasando hambre y currando hasta el límite, y todo por culpa de los alemanes!

¡Que a los tártaros no los expulsó Iván!
Aunque el libro versa sobre el Ejército Rojo, no se entiende a santo de qué, sino es por ansia de criticar, dedica tres páginas completas (p.329-32) a la deportación de los tártaros de Crimea que fue llevada a cabo por el NKVD, que no formaba parte del ER.

Iván judío
Su afirmación “Los judíos se contaron entre los más decididos combatientes de todos los frentes soviéticos” es plausible pero, sin apoyo documental, no pasa de ser una conjetura. Mas cuando dicha etnia esta sobre-representada entre los veteranos entrevistados. Un combatiente judío de Kiev no veía antisemitismo en el Ejército Rojo pero después afirmaba: “Yo sabía que, por ser judío, debía demostrar que no tenía miedo” (p.374-5).

¿Iván victima o Iván verdugo?
En unos sitios del libro pone que los excombatientes de la Guerra Patriótica fueron tratados como un trapo por el régimen, y en otros, que se constituyeron en defensores del “stablishment” soviético por estar en deuda por los privilegios que el régimen les otorgó.

Infame comentario final
Berlín ha caído, la guerra ha acabado por fin y se celebran los festejos por la victoria, y esto es lo que se le ocurre escribir a la señora autora (p.421):
  • “Pocas personas se sentían en ese momento con ganas de calibrar el precio que habían pagado por aquel día de euforia o, incluso, de prever cuál podría ser el futuro coste de la paz. Un cálculo como ese bien pudiera haber hecho surgir alguna duda sobre la propia victoria. ¿Podía considerarse triunfante un país cuando alrededor de 27 millones de sus ciudadanos habían muerto? ¿Qué aplauso podría reclamar para si el ejército cuando habían muerto del doble de civiles que de soldados?" :x
Un saludo a todos

Referencias
COMELLES JM (1988) “La razón de la sinrazón. Asistencia psiquiátrica y desarrollo del Estado en la España contemporánea” Barcelona, Promociones y Publicaciones Universitarias.
BEEVOR A. (2006) “Un escritor en Guerra. Vasili Grossman en el Ejército Rojo, 1941-1945”. Crítica, Barcelona.
HOUSE JM (1984) “Toward Combined Arms Warfare: A Survey of 20th-Century Tactics, Doctrine, and Orgnization” U.S. Army Command and General Staff College. Fort Leavenworth, KS 66027-6900.
Espérame y yo volveré, pero espérame mucho
Espérame cuando las tristes lluvias lleguen, y cuando el calor llegue no dejes de esperar
Espérame y yo volveré para que la muerte rabie
No comprenderán jamás los que jamás han esperado, cómo tú del fuego me salvaste
Es que sencillamente me esperaste como nunca nadie me esperó
****************** Konstantin Simonov ******************

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